Memoria viva: lenguas indígenas frente a la homogenización cultural
En la Universidad Externado de Colombia, el Programa Interacciones Multiculturales de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, realizó el conversatorio titulado “Lenguas indígenas como horizontes de resistencia: centros de resistencia, espíritus que no callan. Literatura en español y en lenguas mayenses de México”. Este espacio permitió visibilizar el papel fundamental de las lenguas originarias en la preservación de la memoria, la identidad y la resistencia de los pueblos.
La jornada inició con un diálogo literario en el que participaron autores de pueblos indígenas de México y Colombia, lenguas indígenas mayas del tsotsil, tseltal y ch’ol y desde Colombia wayuu y misak, quienes compartieron sus poemas en lenguas propias. Este ejercicio no fue solo una muestra estética, sino un acto político y cultural: recitar en la lengua ancestral y reafirma que las palabras no han sido silenciadas, que la lengua es territorio y que la literatura desde los saberes y lógicas de los pueblos originarios constituye una forma de resistencia frente a los procesos de homogenización cultural.
En la apertura, el secretario general de la Universidad, José Fernando Rubio, señaló: “la riqueza más importante ha sido la capacidad de encontrarse; el Programa Interacciones Multiculturales lleva más de 15 años siendo un punto de referencia para crear vínculos de conversación con otras lógicas del conocimiento”. Esta afirmación invita a comprender que la riqueza de los pueblos no se mide únicamente en términos materiales, sino en la capacidad de tejer encuentros, de reconocerse y dialogar desde las diferencias culturales.
La pregunta que orientó el conversatorio fue: ¿Cómo fue su proceso y cómo se acercaron a la literatura desde sus lenguas y vivencias? A partir de allí, las intervenciones coincidieron en que la escritura y la oralidad emergen desde las experiencias más íntimas: la infancia, la crianza, el territorio y el vínculo comunitario.
La poeta wayuu Narlis Paola Peralta compartió que “el distanciamiento fue uno de los tejidos en donde empecé a escribir. Mi abuela encendía el fogón y allí comenzaban los relatos”. Esta frase revela que la escritura no surge en el vacío, sino como un intento de reconstruir vínculos con la memoria familiar y comunitaria. El fogón, espacio central en la cultura wayuu y de muchos pueblos originarios, simboliza la transmisión oral de la sabiduría. En este sentido, la autora nos recuerda que escribir en lengua indígena es un acto de volver al fogón, de reavivar las historias que la modernidad intenta desplazar.
El líder indígena Edgar Velazco expresó: “Yo crecí en un lugar en donde solo se habla nuestro idioma, el namtrik. Un hogar donde siempre se cuentan historias de lo que vamos a hacer. Si voy a hablar el español, voy a hablarlo desde mi idioma”. Su reflexión muestra que el idioma materno no es únicamente un medio de comunicación, sino la base desde la cual se interpreta y se resignifica el mundo. Hablar español “desde” el namtrik implica no renunciar a la cosmovisión propia, sino usar el castellano como una herramienta de sentido interpretativo las formas de vida y conocimiento de los pueblos originarios.
Finalmente, el director del Programa Interacciones Multiculturales, Mutauta Muelas, retomó una frase de José Martí: “Ser cultos es el único modo de ser libres”. La reinterpretó al señalar que “ese cultivo consiste en comprender lo nuestro y comprender lo de afuera; a medida que construimos frases entendemos que hablamos lo que somos y somos lo que hablamos”. Aquí se plantea que la libertad no depende únicamente de dominar una lengua dominante, sino de mantener vivo el idioma propio. La pregunta que dejó abierta “Si no existiera el castellano, ¿cómo nos comunicaríamos?”, recordando que las lenguas indígenas existieron antes y seguirán existiendo como sistemas plenos de comunicación, pensamiento y creación.
El conversatorio concluyó con música, a cargo de Kevin Pérez reforzando el carácter festivo y comunitario del encuentro. Más allá de la celebración, el evento dejó claro que las lenguas indígenas son horizontes de resistencia: son memoria que no calla, espíritu que se rehúsa a desaparecer y herramienta de lucha frente a las imposiciones de la modernidad.