Buzbansá, el reflejo de una Colombia que envejece y la advertencia demográfica del profesor Juan Andrés Castro
Buzbansá, un municipio en el departamento de Boyacá, caracterizado por el silencio de sus calles y la tranquilidad que tiene la plaza principal pues casi siempre está vacía, la escuela rural cuenta con apenas cinco alumnos, con edades entre los 4 y los 9 años. En el último año, en todo el pueblo solo se registraron cuatro nacimientos. Aunque el último censo indica que tiene 1.160 habitantes, sus pobladores calculan que en realidad no superan los 800. (informantes, 2026) Esto también mostrando como cada vez se piensa al momento de tener hijos, y lo que representa procrear.
Este municipio es el reflejo de un fenómeno demográfico que está transformando al país: la drástica caída en la natalidad cruzada con un aumento en la expectativa de vida.
El análisis de Juan Andrés Castro con más de 20 años de experiencia estudiando el tamaño de las poblaciones y su futuro, el actual director del área de Demografía y Población de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad brinda una reflexión sobre esta transición irreversible que nos involucra a todos. Tiene como referencia su propio caso para explicar el fenómeno: «Mi papá viene de una familia de dos hermanos. Mis hermanos y yo somos tres, nuestros hijos ahora son dos por persona. Pasamos de 12 a 2 en dos generaciones», menciona el profesor.
Esta reducción es parte del mapa demográfico del país. Ha pasado de un promedio de siete hijos por mujer en la década de los setenta, a la cifra actual de apenas un hijo. Paralelamente, los avances de la ciencia han disparado la esperanza de vida en Colombia, cercano a los 80 años. Sin embargo, las generaciones más contemporáneas deciden ir del campo a la ciudad buscando mejores oportunidades, lo cual también incide en el desarrollo económico y social de los municipios en nuestro país.
Para el profesor, el enfoque del debate debe cambiar. La pregunta principal ya no es solamente cómo evitar que los habitantes de los pueblos migren, sino una inquietud es: ¿Cómo garantizar una vejez digna en una sociedad cada vez más mayor?
Al visualizar el panorama para el año 2050 prevee que nos enfrentaremos a una sociedad «más canosa, más calva y con más bastones». Al observar los espacios públicos, menciona Castro, veremos inevitablemente menos niños y más personas solitarias.
Los grandes retos del cambio demográfico, que como afirma la teoría demográfica «no tiene reversa», desencadena tres retos para el Estado y la sociedad: El cuidado: ¿Quién cuidara a quienes nos cuidaron? Esto si cada vez hay menos jóvenes. El sistema pensional: ¿Cómo sostener el sistema pensional con cada vez menos aportes para favorecer a generaciones mayores? El sistema de salud: El envejecimiento trae múltiples y costosas enfermedades como el cáncer, diabetes, afecciones cerebrovasculares entre otras, lo que demandará una inversión de recursos vital y sin precedentes.
Las alternativas no son sencillas. Hay que prepararse para esta realidad, exige fomentar el ahorro para la vejez, disminuir la desocupación en jóvenes y reflexionar las ciudades y campos para los adultos mayores.