Una generación que se gradúa para narrar sin miedo la realidad

El auditorio principal de la Universidad Externado de Colombia volvió a ser, este martes 28 de abril, el escenario de los cierres y los comienzos. Allí, entre abrazos contenidos y miradas que oscilaban entre el orgullo y la incertidumbre, se celebró la ceremonia de grado de pregrado y posgrado de la Facultad de Comunicación Social - Periodismo.

El rector, Hernando Parra Nieto, tomó la palabra con un tono que evitó la complacencia. Su mensaje no fue de alivio sino de advertencia. Les habló a las(os) nuevas(os) profesionales —en particular a quienes ejercerán el periodismo— de un entorno más complejo, donde las amenazas a la libertad de prensa ya no siempre son visibles. En su intervención, señaló cómo incluso las democracias han encontrado mecanismos legales para silenciar voces incómodas, configurando un escenario en el que la censura ya no necesita imponerse con estridencia.

“¿Qué se le pide al periodista de 2026? Se le pide algo que siempre fue difícil pero que hoy lo es más: rigor sin miedo. Rigor en la verificación, en las fuentes, en la contextualización y valentía para publicar cuando la presión dice que no se publique”, afirmó el rector Parra.

Advirtió, además, sobre un riesgo silencioso: la autocensura. Ese gesto imperceptible —dijo— en el que el temor se disfraza de prudencia y termina por erosionar el sentido mismo del periodismo.

A su turno, Sergio Silva, egresado destacado, regresó simbólicamente al lugar donde todo comenzó para él. “Hace 13 años yo estaba sentado en el mismo lugar en el que están ustedes”, recordó, trazando un puente entre su pasado como estudiante y su presente profesional. Con un relato cercano y sin solemnidades, evocó su tránsito por la universidad y su ingreso a un mundo en el que, según contó, aprendió a mirar lo que pocos miraban: desde los glaciares que se derriten hasta las preguntas más complejas de la ciencia.

“No olviden que son privilegiados, que hoy se gradúan de un lugar especial, fascinante, si se quiere, al que muy pocos acceden. La educación superior y la educación superior de calidad, futuros graduantes, aún es un privilegio”, dijo Silva al publico expectante.

Habló del humanismo, la tolerancia y el pluralismo como principios que no deben quedarse en el discurso institucional, sino convertirse en guía de vida.

El cierre emocional llegó con la voz de Juan David Pérez, representante de las(os) graduandas(os), quien construyó su discurso desde la memoria —y también desde sus vacíos—. Entre anécdotas y reflexiones sobre su camino en el periodismo, reivindicó la intuición como motor y el acompañamiento de sus profesores como impulso decisivo. Su intervención fue, sobre todo, un ejercicio de honestidad sobre las dudas y certezas que atraviesan el oficio.

“No recuerdo cuándo comencé a amar el periodismo. Les estoy siendo completamente honesto, no me acuerdo. Mi cerebro tiene esta tendencia a suprimir y recordar lo que le conviene. Imagínense eso, no acordarse de cuándo despertó el motivo por el que uno se para de la cama. […] Primero porque no me acuerdo y segundo porque prefiero la corazonada. Y así termina el cuento. Un día solo me dije que quería hacerlo y fue gracias a esta facultad y a sus profesores, los que me enseñaron a gatear este mundo que llamamos comunicación social y periodismo», relató Pérez.

En ese recorrido, dejó una idea que sintetizó el espíritu de la jornada y que resonó con fuerza entre sus compañeras(os): “Nuestra profesión no puede ser ejercida correctamente por nadie que sea un cínico”. La frase, tomada de Ryszard Kapuściński, fue presentada como un llamado a ejercer con integridad, incluso en medio de las tensiones y riesgos que implica contar la realidad.

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