Manuel Salge, docente investigador de la Facultad de Comunicación Social Periodismo, presentó Garra de piedra
El docente-investigador Manuel Salge Ferro presentó Garra de piedra, un juego de cartas que propone trasladar a un contexto lúdico discusiones propias del campo del patrimonio cultural. El proyecto se enmarca en su trabajo sobre las relaciones entre patrimonio cultural, memorias en conflicto y medios emergentes.
El juego se realizó en conjunto con Luis Fernando Arenas Guerra, arquitecto y magíster en Antropología, con experiencia en investigación y gestión de patrimonio cultural con comunidades; y María Carolina Correal Zambrano, profesional en conservación y restauración de bienes muebles, con más de doce años de experiencia en intervención de patrimonio cultural y gestión de proyectos.
El juego parte de una premisa central: los monumentos no tienen un significado único. A partir de esta idea, Garra de piedra propone un sistema de juego basado en el enfrentamiento entre cartas que representan distintos bienes patrimoniales, donde las(os) participantes comparan los valores asociados a estos objetos.
“El juego consiste en un duelo de cartas en el que se enfrentan dos o más jugadores. Ese duelo se resuelve compitiendo con los diferentes valores que se asignan a los bienes muebles dentro del sistema de valoración del patrimonio cultural”, explica Salge.
En términos de la dinámica del juego, cada jugador enfrenta características históricas, estéticas, simbólicas y sociales de los monumentos representados en las cartas. El resultado de cada ronda se define por el puntaje de cada carta, y el proceso se repite hasta agotar el mazo.
Uno de los ejes que sirvieron para estructurar la idea del juego es la relación entre la temporalidad del momento de creación de los monumentos y sus lecturas en el presente. Este cruce permite evidenciar tensiones entre distintos grupos de personas frente a las figuras conmemoradas.
“Desde siempre, los monumentos han sido vistos con sospecha. Por una parte, está el conmemorado y con él los que lo celebran, pero también están quienes no se sienten representados con sus representaciones e incluso las consideran antagónicas”, señala el investigador.
A partir de esta perspectiva, el juego incorpora una creativa selección de bienes que amplía el tipo de objetos tradicionalmente reconocidos como monumentos. La curaduría incluye no solo figuras conmemorativas, sino también obras de arte, representaciones femeninas y autoras mujeres, monumentos de culto vivo, objetos industriales e incluso monumentos que han desaparecido. Esta diversidad permite abordar distintas formas de representación en torno al patrimonio cultural.
Otro aspecto relevante es la forma en que el juego aborda el valor de los monumentos. En lugar de asumirlo como una característica única y fija, las cartas introducen distintas formas de valoración que los jugadores ponen en relación durante la partida. Esto permite evidenciar que el valor patrimonial se construye en procesos de discusión y no responde a una única definición.
El formato de juego constituye una apuesta por acercar estas discusiones a públicos no especializados. En este sentido, el proyecto busca generar espacios de comunicación creativa e interacción donde el patrimonio deje de percibirse como un tema distante. “Es un juego que no espera que seas un experto para jugar, es un juego que te trae emoción y que busca componer un momento significativo y memorable entre los participantes”, afirma Salge.
Este juego es una herramienta comunicativa que permite explorar, desde la práctica, cómo se construyen, disputan y transforman los sentidos del patrimonio cultural, en un contexto donde la función de algunos monumentos continúa en revisión.