Espejismo Populista

El salario mínimo es una de las decisiones económicas con mayor impacto en la vida diaria de los colombianos. No solo determina el ingreso de millones de trabajadores formales, sino que también sirve como referencia para precios, contratos, multas y aportes a la seguridad social. Por eso, incrementarlo de forma desproporcionada, sin atender las condiciones reales de la economía, puede generar efectos contrarios a los que se buscan.

Por: David Cohen Rosales Profesor Emérito de la Universidad Externado de Colombia

En los últimos años, el salario mínimo en Colombia ha crecido muy por encima de la inflación y de la productividad y de manera técnica se debe determinar  por la suma de  IPC(Inflación- estimada al cierre del 2025 es de 5,3%) más la Productividad Total de los Factores (PTF para el cierre del 2025 del 0,91%), arrojaría un aumento técnico  del 6,21%  al cual se la adiciona un ajuste histórico del 2,39%  el salario mínimo   no debió aumentar más del 8,60 % que si se compara con el 23,2% muestra un desfase de 14,6 puntos porcentuales

La fórmula del aumento del salario mínimo adiciona la pérdida de poder adquisitivo (inflación) y el esfuerzo laboral que se mide con PTF (Productividad Total de los Factores). pero el desajuste comienza cuando estos aumentos no están respaldados por una economía capaz de absorberlos sin sacrificar empleo, formalidad y estabilidad de precios y obedecen a cuestiones políticas que busca ganar adeptos con un espejismo populista y en campaña electoral.

Para la fijación de salario mínimo a la fórmula de técnica (IPC+PTF), se agregó el concepto  de Salario Mínimo Vital es un concepto  que el Gobierno Nacional ha integrado formalmente en la fijación del salario de 2026 para justificar  los 14,6 puntos porcentuales  pues según el gobierno Petro la formula  busca eliminar la discusión técnica tradicional (que solo miraba inflación y productividad) hacia una visión de bienestar familiar y dignidad humana, y se define   salario vital como la cantidad de dinero necesaria para que un trabajador y su familia puedan cubrir sus necesidades básicas reales y vivir con dignidad.

Se basa en directrices de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Constitución colombiana (Art.3 53), que establece que la remuneración debe ser «mínima, vital y móvil».4

  • No es individual: Se calcula pensando en el sostenimiento de un hogar promedio.
  • No es solo subsistencia: Busca que el trabajador tenga capacidad de ahorro y acceso a recreación, no solo que «sobreviva».

Este criterio además de tener en cuenta las variables de la formula técnica adiciona «Canasta de Necesidades Vitales» que incluye los precios reales de alimentación, vivienda (arriendo y servicios), educación, salud, vestuario y transporte.

Desde la noche del 29 de diciembre del 2025, cavilo sobre en qué país de angeles se podrá medir este mínimo vital, donde diariamente mueren niños por hambre, planes de vivienda  no desarrollados como “ Mi CASA YA”, el   ICETEX   a punto de liquidar dejando estudiantes endeudados, otros desertando, los enfermos no son atendidos en las clínicas y EPS, si los atienden no   les suministran medicamentos, importando gas de países vecinos, terroristas legislando, atracos diarios , ministros presos por corrupción , otros ministros ejerciendo con investigación  en curso,  La empresa más  grande del país en dificultades (ECOPETROL), personas de altos cargos  prófugos.  Este es el socialismo de siglo XXI, su eslogan parece que fuera que “necesitan que los pobres sean más pobres para mostrarse como redentores.”

Una realidad que no se puede ignorar

Colombia es un país donde más de la mitad de los trabajadores se encuentra en la informalidad. Millones de personas no reciben salario mínimo, no tienen contrato laboral ni acceso pleno a la seguridad social o si la tienen está totalmente inasequible. Para ellos, un aumento elevado del salario mínimo significa un mayor ingreso, y una mejora aparente a cortísimo plazo, pues para los productores y ejecutores oferentes   este incremento disminuirá su margen de contribución y para mantenerlo tienen dos alternativas, la primera aumentar el precio de sus productos, la segunda despedir trabajadores para mantener el punto de equilibrio.

A esta realidad se suma un problema estructural: la baja productividad. Mientras el salario mínimo ha registrado incrementos de dos dígitos en años recientes, la productividad laboral ha mostrado avances modestos e incluso retrocesos. Cuando los salarios crecen más rápido que la capacidad productiva del país, las empresas enfrentan mayores costos y gastos. En mí

ya larga vida académica y profesional con todo respeto a mi exalumno Doctor Gustavo Petro Urrego, le recuerdo que los salarios que paga una empresa son costos o gasto y solamente los desembolso por capacitación son susceptibles de considerar como inversión y hacen parte del patrimonio (como activos intangibles) y se encuentran en el Good Will de la compañía(NIC 38).

El empleo formal, bajo presión

Frente a un incremento fuerte del salario mínimo, muchas empresas —en especial las pequeñas y medianas— no cuentan con el margen financiero para absorber el impacto. En la práctica, el ajuste suele darse por la vía más fácil: menos contrataciones, reducción de horas, despidos o, en el peor de los casos, mayor informalidad.

El resultado puede ser paradójico. Una política pensada para mejorar las condiciones laborales termina cerrando las puertas del empleo formal, especialmente para jóvenes y trabajadores con menor nivel de calificación.

El efecto silencioso en los precios

Otro impacto clave es la inflación. El aumento de los costos laborales suele trasladarse a los precios finales, sobre todo en sectores intensivos en mano de obra como comercio, transporte y servicios. Esto golpea con mayor fuerza a los hogares de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de su presupuesto a estos gastos.

Cuando los precios suben, buena parte del beneficio del aumento salarial se diluye rápidamente. En algunos casos, el poder adquisitivo termina siendo similar o incluso menor al que se tenía antes del ajuste.

Más que subir salarios, se necesita crecer mejor

Nada de esto implica que el salario mínimo no deba aumentar. Implica que debe hacerlo con responsabilidad y criterio técnico. Un ajuste sostenible debe considerar la inflación, la productividad y la capacidad real de las empresas para generar empleo formal.

Mejorar el ingreso de los trabajadores no depende únicamente de decretar aumentos elevados. Requiere políticas que impulsen la productividad, reduzcan los costos de la formalización, fortalezcan la educación y apoyen a las pequeñas empresas. Sin estos elementos, el salario mínimo corre el riesgo de convertirse en una solución aparente que genera nuevos problemas.

Conclusión

  • Nada de esto implica que el salario mínimo no deba aumentar. Implica que debe hacerlo con responsabilidad y criterio técnico. Un ajuste sostenible debe considerar la inflación, la productividad y la capacidad real de las empresas para generar empleo formal.
  • Mejorar el ingreso de los trabajadores no depende únicamente de decretar aumentos elevados. Requiere políticas que impulsen la productividad, reduzcan los costos de la formalización, fortalezcan la educación y apoyen a las pequeñas empresas. Sin estos elementos, el salario mínimo corre el riesgo de convertirse en una solución aparente que genera nuevos problemas
  • El debate sobre el salario mínimo no debería centrarse solo en cuánto subirlo, sino en cómo hacerlo sin poner en riesgo el empleo y la estabilidad económica. En un país con alta informalidad y baja productividad, los aumentos desmedidos pueden terminar perjudicando a quienes se pretende beneficiar. La verdadera política social no es la que promete más, sino la que crea empleo formal, sostenible y duradero.
  • El panorama para nuestro país es turbio, pero no oscuro, pues si Di-s  quiere el nuevo gobierno,  no obedece clanes políticos y solo le asiste el interés de reconstruir a nuestro país, por lo tanto  deberá tomar correctivos de políticas monetaria, fiscal y gasto público, laboral y de productividad, de precio y vivienda de interés social.

David Cohen Rosales
Consultor Financiero
Profesor Emérito
Universidad Externado de Colombia

 

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