Colombia y América Latina los necesitan: economistas capaces de leer los datos sin rendirse ante ellos

A las once de la mañana, el auditorio principal de la Universidad Externado de Colombia comenzó a llenarse de expectativas, abrazos contenidos y miradas que buscaban, entre la multitud, a quienes hicieron posible el camino. Era el día de la ceremonia de grado de la Facultad de Economía, un cierre que, como suele ocurrir, tenía tanto de despedida como de comienzo.

La formalidad del acto dio inicio con la intervención del decano, Juan Pablo Herrera Saavedra, quien, con tono solemne, se dirigió al rector para presentar a las(os) estudiantes que culminaron su proceso académico. “Señor rector, tengo el honor de presentarle a las(os) estudiantes de la Facultad de Economía, quienes han culminado satisfactoriamente sus estudios (…) la universidad puede otorgarles el grado correspondiente”, afirmó, marcando el paso de la vida universitaria al ejercicio profesional.

Minutos después, el rector Hernando Parra Nieto tomó la palabra para situar a las(os) nuevas(os) economistas en una tradición más amplia. “Nuestro Externado de Colombia con genuino orgullo gradúa a esta nueva promoción cuyo talante se define por la tolerancia, el amor por la libertad y la excelencia”, señaló. Su discurso no solo celebró el logro alcanzado, sino que advirtió sobre los desafíos del presente: “El economista que sepa usar la IA sin entender los fundamentos de la teoría económica es tan peligroso como el médico que prescribe sin diagnosticar”.

El rector insistió en la responsabilidad que recae sobre esta generación en un contexto de transformación tecnológica acelerada. “Colombia y América Latina los necesitan capaces de leer los datos sin rendirse ante ellos”, dijo, invitando a las(os) graduandas(os) a ejercer su profesión con rigor técnico y sensibilidad social, recordando que el conocimiento cobra sentido en la medida en que se orienta al desarrollo humano.

La voz de la experiencia llegó con Beatriz Helena Arbeláez, egresada destacada, quien regresó a su alma mater tras casi cuatro décadas. “Aquí aprendí no solo una disciplina, sino una forma de transitar por el mundo”, expresó, evocando los años de formación que marcaron su trayectoria. Su intervención, más cercana a la conversación que al discurso, se centró en valores que trascienden el aula: persistencia, la honestidad y la rectitud.

Arbeláez compartió fragmentos de una carrera que la llevó por el sector público y privado, desde el Ministerio de Hacienda hasta el Banco Mundial, y destacó uno de los hitos que más la enorgullece: “Tuvimos la gran fortuna de dejar la estructuración financiera del metro de Bogotá”, un proyecto que, recordó, transformará la vida de miles de personas. Su mensaje, sin embargo, fue más allá de los cargos: insistió en la importancia de tener propósito y de poner el conocimiento al servicio de la sociedad.

En representación de las(os) graduandas(os), Santiago Rodríguez Estrada ofreció una mirada íntima del recorrido compartido. “Hoy nos reunimos no solo para recibir un título, sino para cerrar un capítulo que nos transformó profundamente”, dijo, sintetizando el sentir colectivo.

“Nuestro camino comenzó hace ya casi 5 años, en un contexto que todavía guarda las huellas de la pandemia. Nos conocimos con tapabocas, con cierta distancia, intentando ponerle rostro a quienes serían nuestros compañeros. Incluso, nuestras primeras experiencias fueron a través de una pantalla, como aquella primera clase introductoria a la economía, justamente con el decano Juan Pablo Herrera. Y también la primera clase de la carrera por medio de Zoom, que marcó un inicio tan atípico como inolvidable”, dijo Rodríguez.

Su discurso también fue un reconocimiento a la exigencia académica y a los aprendizajes que no figuran en los libros. “Descubrimos algo más valioso: la capacidad de hacernos mejores preguntas”, afirmó. Así destacó que el paso por la universidad no solo formó economistas, sino personas capaces de ir más allá de lo esperado.

Al final, entre aplausos y fotografías, la ceremonia dejó en el aire una certeza compartida: más que un punto de llegada, el grado es una pausa breve antes de continuar. Afuera, la ciudad y el mundo espera a estas(os) nuevas(os) profesionales, llamadas(os) a interpretar, cuestionar y transformar la realidad que, desde hoy, les pertenece también.

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