Un diagnóstico económico: inflación persistente y presión fiscal en Colombia
En el marco de la conferencia “Coyuntura y mercados: una mirada experta”, el analista Munir Jalil presentó un panorama sobre los desafíos que afectan la estabilidad financiera del país.
Bajo una premisa clara —la economía no se maneja con política, sino con evidencia—, explicó por qué Colombia y la región atraviesan un periodo de incertidumbre, caracterizado por el aumento sostenido de los precios y un endeudamiento creciente.
Para el experto, contener la inflación no admite atajos. Enfatizó que el incremento en las tasas de interés es el único mecanismo, desde la teoría y la práctica, que ha demostrado ser efectivo. Como ejemplo, citó el caso de Turquía: tras intentar reducirlas de forma artificial con una inflación del 10 %, el país terminó alcanzando niveles cercanos al 75 %, lo que obligó a aplicar un ajuste drástico con tasas del 95 % para recuperar el control.
Uno de los puntos más críticos fue el deterioro de las condiciones fiscales en Colombia. Según Jalil, el país mantiene un nivel de gasto que se justificó durante la emergencia sanitaria por la COVID-19, pero que aún no retorna a parámetros normales:
- Antes de la pandemia, la inversión social rondaba entre los 40 y 45 billones de pesos.
- Actualmente, este rubro se sitúa cerca de los 88 billones, pese a que la emergencia ya terminó.
- Este incremento, sumado a que el 60 % de la población no percibe un salario mínimo, genera distorsiones que dificultan la creación de empresas formales.
El diagnóstico evidencia que los retos económicos exigen disciplina fiscal y decisiones basadas en datos. En este contexto, el país enfrenta el desafío de recuperar el equilibrio sin frenar el crecimiento. Aplazar los ajustes, advierte Jalil, no solo prolonga la incertidumbre, sino que también eleva los costos económicos y sociales a futuro.