Entre la confrontación y la cooperación: voces académicas analizan las relaciones Estados Unidos–Colombia

Con el título Análisis de las relaciones bilaterales Estados Unidos–Colombia, la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales del Externado reunió a un grupo de destacadas(os) académicas(os) para reflexionar sobre uno de los vínculos diplomáticos más complejos y determinantes para el país en la actualidad.

El encuentro, moderado por Andrés González Díaz, director del Centro de Paz y Seguridad del Externado, contó con la participación de Martha Ardila y Javier Garay, también docentes de esta casa de estudios, junto a Diana Marcela Rojas, profesora titular del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, y Andrés Molano-Rojas, investigador de la Universidad del Rosario.

Desde sus diferentes perspectivas, los panelistas coincidieron en que la relación entre Colombia y Estados Unidos atraviesa una etapa de redefinición. No se trata de un quiebre definitivo, sino de un punto de inflexión que exige repensar los intereses, los mecanismos de diálogo y los modos diplomáticos que históricamente han sostenido la alianza entre ambos países.

González Díaz abrió la conversación con una reflexión de fondo: “Normalmente la política exterior hay que construirla sobre la base de los intereses fundamentales y esenciales de una nación”, señaló.

Para él, Colombia enfrenta hoy un desafío profundo en materia de seguridad y paz, con la expansión de grupos armados y estructuras criminales que operan más allá de las fronteras. “Una delincuencia organizada que nos está respirando en la nuca. Frente a la cual esas relaciones con Estados Unidos resultan ser un punto fundamental”, advirtió.

Desde una lectura más crítica, Martha Ardila propuso analizar la coyuntura actual en clave de tensiones ideológicas y políticas. A su juicio, el tono de las relaciones bilaterales se ha transformado. “Estamos en un ambiente de confrontación, de securitización y de ideologización de las relaciones con los Estados Unidos”, afirmó. Sin embargo, subrayó que Washington distingue entre el gobierno colombiano y la sociedad: “Estados Unidos hace la diferencia entre lo que es el gobierno y lo que es el país. Existen diplomacias paralelas que mantienen vínculos estrechos”.

En esa línea, Diana Marcela Rojas recordó que el diálogo entre ambas naciones ha tenido altibajos, pero históricamente se ha sostenido sobre un consenso político compartido que, para Rojas, es producto de una interdependencia profunda que abarca lo económico, lo social y lo cultural, y que, pese a sus asimetrías, ha sido la base de la cooperación bilateral.

“Las relaciones se han caracterizado por un consenso tanto en Estados Unidos como en Colombia. En general, los gobiernos y los partidos coinciden en la necesidad de mantener esa alianza estratégica”, explicó Rojas.

El debate también giró en torno al papel institucional del Estado colombiano. Andrés Molano-Rojas fue enfático en señalar la urgencia de fortalecer el aparato diplomático nacional. “Lo primero que hay que hacer es recomponer la funcionalidad del aparato de política exterior colombiana, es decir, la Cancillería”, sostuvo el experto.

A su juicio, la falta de articulación entre la Presidencia y el Ministerio de Relaciones Exteriores ha debilitado la coherencia y la forma del discurso diplomático. “Tenemos que devolverle a la Cancillería su capacidad técnica y recuperar las formas; en la relación con Estados Unidos, los asuntos de fondo y de forma diplomática cuentan por igual”, concluyó.

Por su parte, Javier Garay amplió el análisis hacia una dimensión global. En su intervención, destacó que el actual contexto internacional está marcado por un proceso de transformación institucional y de cuestionamiento de los valores que sustentaban el orden liberal. 

“Estamos en un proceso de cambio en el ámbito internacional en el que se están cuestionando valores, prácticas y principios del orden internacional”, explicó el docente externadista.

Para Garay, esos cambios no solo afectan la relación con Estados Unidos, sino también la manera en que Colombia entiende su papel en el sistema global.

A lo largo del evento, las voces coincidieron en que el futuro de las relaciones bilaterales dependerá de la capacidad de ambos países para reconocer sus intereses comunes y gestionar sus diferencias con diplomacia y realismo. La cooperación en seguridad, la lucha contra el narcotráfico, la migración y los intercambios económicos seguirán siendo puntos neurálgicos de la agenda compartida.

“Las relaciones entre Estados Unidos y Colombia no se agotan en lo político —resumió González Díaz al cierre del panel—. Son relaciones históricas, estratégicas y humanas que deben entenderse más allá de la coyuntura”. Con esa idea, el encuentro concluyó dejando sobre la mesa un consenso académico: Colombia debe fortalecer su política exterior desde adentro, con una Cancillería robusta, un liderazgo coherente y una visión nacional que trascienda los ciclos de gobierno.

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