La economía de la atención: el Super Bowl LX y sus cifras de impacto

El Super Bowl LX no fue solo el evento máximo del fútbol americano. Se consolidó como una clase magistral de administración de la atención. En plena fragmentación del consumo de medios, logró concentrar lo más escaso: tiempo y disposición mental.

Ahí está el punto de fondo. Como lo explica Germán Contreras, director del Centro de Estudios en Mercadeo de la Facultad de Administración de Empresas, hoy la planeación de medios se juega en comunicación rápida y directa. En medios digitales, 30 segundos ya pueden ser demasiado. Si el mensaje no captura de inmediato la atención sobre la propuesta de valor, simplemente se pierde. Y sin atención, no hay acción.

El Super Bowl lo entiende. Contreras señala que sus comerciales suelen funcionar porque se viven como experiencias significativas y emocionales. Desde investigaciones del Centro con neuromarketing, han observado que cuando la información llega por emoción, humor, relevancia y autenticidad, el cerebro usa menos recursos cognitivos: el consumidor se cansa menos, memoriza mejor y recuerda por más tiempo el nombre de la marca, su claim y su propuesta de valor. La confianza, además, acelera el procesamiento del mensaje y reduce el desgaste mental en un entorno saturado.

Esa lógica se reflejó en cifras. En febrero de 2026, la encuesta anual de la National Retail Federation (NRF) registró un récord: 213.1 millones de adultos en Estados Unidos sintonizaron el gran juego. No fue solo un hito de audiencia. Fue un pico de atención colectiva.

Y esa atención movió consumo. El gasto total alcanzó un récord de 20.2 mil millones de dólares, con un promedio de 94.77 dólares por persona invertidos en alimentos, bebidas, ropa y decoraciones. Para las organizaciones, el atractivo fue evidente: capturar una mirada que ya no se encuentra con facilidad en otros canales.

El ecosistema también fue masivo: 121.1 millones de personas asistieron o realizaron fiestas, y 18.2 millones vieron el encuentro en bares o restaurantes. Ese nivel de compromiso justificó que las marcas aceptaran pagar cifras que rondaron los 10 millones de dólares por apenas 30 segundos de pauta publicitaria. El fenómeno demostró que, para un gerente moderno, el activo más costoso no es la capacidad instalada ni la logística. Es la atención.

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