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Emotivo encuentro para hablar de un viejo maestro

Con la esperanza de que algún vestigio del afecto, del reconocimiento y del respeto que se expresaron el 4 de abril de 2016, pudiera llegar a esa dimensión desconocida en la que, dolorosamente, se halla desde hace un tiempo la mente del profesor Carlos Restrepo Piedrahita, el rector del Externado, Juan Carlos Henao, abrió el acto programado para celebrar el centésimo cumpleaños de un maestro, de una persona única y especial, que dejó un huella profunda en el Externado de Colombia que él siempre consideró su hogar.

Siguió la intervención de Alexei Restrepo, uno de los hijos del maestro, quien representó a su padre en la reunión y nos contó que, con frecuencia, él expresa el inmenso amor por que siente por la institución de la que hizo parte como alumno, como profesor, como investigador, como director de departamento, como rector.

Vea los videos del homenaje a Carlos Restrepo Piedrahita: Primera parte y Segunda parte

Leer las palabras del rector Juan Carlos Henao.

Leer las palabras de Alexei Restrepo.

Tal vez lo más hermoso de este homenaje, rendido con naturalidad por la comunidad externadista, fue su espontaneidad, su sinceridad y la intención de reconocer múltiples facetas de un mismo ser humano, con sus contradicciones y particularidades. Tanto es el aprecio que se le tiene, que a nadie se le ocurrió hacer un cuadro idealista, un retrato distante del modelo, sin el sabor de la verdadera humanidad.

Leer la hermosa semblanza de Carlos Restrepo Piedrahita, escrita en 1993 por Fernando Hinestrosa, texto que fue leído durante la celebración de los 100 años.

Durante este encuentro, cada cual soltó lo que le salió de la mente y del corazón, y de ahí resultó un increíble coctel de adjetivos: inteligente, recto, vanidoso, solidario, distante, arrogante, generoso, valiente, honesto, liberal, estricto, culto, estudioso, curioso, gracioso, gallardo, coqueto, intransigente, sabio, sensible, socarrón, malicioso.

Increíble, pero cierto: ese es Carlos Restrepo Piedrahita, un “grande de Colombia” como dijo el rector Henao, una de las figuras más sobresalientes del Externado a lo largo de su historia.

Esa personalidad recia y multifacética de Restrepo Piedrahita era, ni más ni menos, un “bocado de cardenal” para un cronista. Con ocasión del cumpleaños 87 del maestro, Miguel Méndez Camacho, a la sazón decano de la Facultad de Comunicación Social del Externado, lo siguió y lo persiguió, rebuscó hasta en los pliegues más insospechados del personaje, lo estudió, lo confrontó, habló con sus amigos y con los que no lo eran tanto y produjo “Es un personaje y no lo disimula”, un reportaje en extenso que lo pinta de cuerpo entero.

Lea aquí: “Carlos Restrepo Piedrahita. Es un personaje y no lo disimula”.

Junto con Fernando Hinestrosa, Carlos Restrepo Piedrahita fue pionero en procurar que los mejores estudiantes se “untaran de mundo”, se aproximaran a las tendencias universales del Derecho Constitucional (en este caso), conocieran otras tendencias jurídicas, para salir de la parroquia, adquirir nuevas perspectivas y conformar un cuerpo docente de primera calidad.

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Por esa razón del departamento de Derecho Constitucional salieron, luego de rigurosa selección, los primeros becarios quienes “fueron vieron y vencieron”. Tantos sobresalientes, tantas cum laude, tantas felicitaciones que, al final, dejaron de ser noticia.

Y allí estaban, en el conversatorio del 4 de abril, muchos de ellos: los antiguos monitores, los alumnos, los subalternos, los compañeros del comité editorial de Carlos Retrepo Piedrahita. Varios dijeron que a él le deben el haberse “encarretado” con el Derecho Constitucional; expresaron su respeto por un estilo de vida consistente en tratar de hacer las cosas bien, por una personalidad que desprecia de la mediocridad, que ama la belleza, que sabe de elegancia. Hablaron de alguien que a veces despertó miedo, pero que siempre reveló nobleza.

Dijeron los antiguos estudiantes que Carlos Restrepo, a quien definieron políticamente como un “liberal social, solidario”, les enseñó a ver el Derecho Constitucional como una herramienta transformadora de la sociedad, un instrumento efectivo para la justicia social antes que un cuerpo formal e inerte. Lo definieron como un apasionado de la libertad, aseguraron haber aprendido, con él, más que Derecho Constitucional, ética y pulcritud, y reconocieron que gracias a Restrepo descubrieron que la vida académica tiene sentido, en la medida en que representa el oficio de formar ciudadanos que hagan parte de una mejor sociedad.

Se reveló también su faceta pionera en materia de Historia Constitucional de Colombia, su descubrimiento de momentos, hitos desconocidos, su vocación de arqueólogo en archivos, documentos y la prensa del pasado, tarea en la que dejó gran parte de su capacidad visual. Pero no se sintió derrotado, y se mandó confeccionar unos lentes especiales para poder leer. “Lo que no me mata me fortalece”, decía Restrepo al unísono con Federico Nietzsche.

Carlos Restrepo cultivó pocas amistades, pero las cultivó con cuidado. Apoyado en una cultura riquísima y variada, desarrolló el arte de la conversación, por la que circularon los filósofos, los pintores, los músicos, los poetas, los escritores y, cómo no, los políticos.

Su oficio de investigador del Derecho Constitucional y de estudioso del Derecho comparado, sumado a la oportunidad de vivir en otros países como diplomático colombiano, le permitieron hacer valiosos amigos entre los representantes más selectos de dicha ciencia, a lo largo y ancho del mundo.

En mayo de 1993, cuando estaba en el cenit de su carrera, su poder de convocatoria se demostró con plenitud en el Simposio Internacional sobre Derecho del Estado, realizado en el Externado de Colombia, con la asistencia de varias decenas de constitucionalistas de primer orden en el mundo entero.

Otras felices circunstancias se dieron simultáneamente con el Simposio: en primer lugar, la donación que hiciera Restrepo Piedrahita de su vasta biblioteca al Externado de Colombia, lo que originó la fundación del Instituto de Estudios Constitucionales que lleva su nombre, un acervo de inmenso valor en materia de Historia, Derecho Constitucional, Literatura, música y obras de arte y decoración que reposan en la edificación colonial que la Universidad destinó para el Instituto.

De igual manera, durante los días correspondientes a aquel Simposio, el Gobierno Nacional le impuso a Restrepo Piedrahita su más alta condecoración, la Cruz de Boyacá, para reconocer, entre otras cosas, los aportes que hiciera el profesor no solo a varias reformas constitucionales durante el siglo XX, sino su participación decisiva en el diseño de la Constitución de 1991, cuyo primer proyecto se comenzó a estudiar durante la administración del Presidente Virgilio Barco.

Como una metáfora del esfuerzo personal, del poder de la voluntad humana para vencer obstáculos, Retrepo Piedrahita buscó riscos, montañas escarpadas, difíciles senderos para escalar, ascender y alcanzar cimas. Lo hacía, de preferencia, con su amigo el rector Fernando Hinestrosa, en las montañas que rodean la sabana de Bogotá, especialmente en Subachoque, y en las pendientes alpinas, con vista a los lagos y los bosques más hermosos del Viejo Continente.

Todos estos testimonios producidos el día del onomástico, se complementaron con la exposición “Carlos Restrepo Piedrahita. El constitucionalista, el externadista”, ubicada en la Biblioteca principal de la Universidad, en cuya organización participaron el Instituto de Estudios Constitucionales CRP; el Proyecto Archivo Histórico; la Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural – carrera de Museología; la Decanatura Cultural y la Biblioteca.

De esta manera, con sencillez y austeridad, con afecto y mucha nostalgia, se cumplió un justo ritual, propio de las empresas del saber y del pensamiento, consistente en valorar, como su tesoro más preciado, a los viejos maestros, cuyas cátedras siempre se extienden más allá de los límites del aula.