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Saló o los 120 días de Sodoma

En ocasiones vemos cómo son llevadas a la gran pantalla muchas inmoralidades y perversidades que aparentemente deberían ser apartadas del arte. Sin embargo, entender la lujuria como un elemento omitido en el cine, puede llegar a ser una manera de abandonar la representación estética de las verdaderas pulsiones humanas por la corrupción de sus semejantes. No hablamos, entonces, de vanagloriar estas acciones infames, que a lo largo de la historia han acontecido, sino de simbolizar la condición congénita de los seres humanos por su inclinación al deseo de dañar y maltratar a otros.

En estas premisas, podríamos afirmarlo, se basa la obra cinematográfica del director italiano Pier Paolo Pasolini. Saló o los 120 días de Sodoma, que es una película estrenada en el año 1967, hace mención de las aberraciones cometidas durante la república de Saló, durante los años 1944 y 1945 (época de la ocupación nazi en Italia). Cuatro hombres poderosos de esta región asumen a su libre albedrío y dictámenes, la humillación y el descarrío de actos contra la humanidad y sexualidad de 18 jóvenes secuestrados. Estos últimos son llevados a un palacio para complacer y satisfacer los caprichos de los poderosos hombres.

La línea narrativa del filme nos muestra los cuatro diferentes salones de las aberraciones humanas, donde implícitamente logramos distinguir las máximas deshonras contra el cuerpo. Así, a medida que va transcurriendo la película, se trastocan todos los valores sociales y éticos del ser, para llevarlo a vulnerar, atentar y hasta violentar la integridad de sus semejantes. No existe un punto medio, o forma de parar estas atrocidades, ni plegaria alguna que pueda fenecer los actos llevados a cabo por los cuatro poderosos.

Si bien es cierto que los 18 jóvenes secuestrados son tratados como objetos dentro de las actividades lujuriosas del palacio, también podemos contemplarlos como una representación banalizada de lo que es la humanidad. La película muestra cuán fácilmente nuestra condición de seres humanos puede ser transformada en circunstancias sociales que cambian lo ético y lo moralmente estandarizado como admisible, en comportamientos pérfidos y arrojados al perjuicio del otro. Desde esta perspectiva, podríamos incluso pensar qué pasaría si nosotros, como seres igualmente humanos, lográramos entrar en una lógica deteriorada donde el poder nos corrompa a todos por completo y nos lleve a generar comportamientos igualmente infames como los que hicieron estos cuatro hombres.

Finalmente, una apreciación de la historia, cronología y hostilidad de Saló como obra cinematográfica solo se puede alcanzar por medio del ejercicio reflexivo de adentrarnos en nuestra condición humana para respondernos cómo actuaríamos nosotros bajo estas condiciones. Solo así sabremos si seremos un retrato fiel de la aberración o una construcción bien establecida de la ética occidental y contemporánea.

*Reseña elaborada por Jose Carlos Sinuco, estudiante de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo.

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