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Camino a casa

En la portada de Camino a casa vemos a una niña con una sonrisa tímida, que se sumerge en el abrazo de un ser que aún no podemos identificar bien. En la contraportada, la misma chiquilla duerme plácidamente sobre el regazo de ese ser, que sigue siendo un misterio para el lector.

Desde ese momento suponemos que la historia girará alrededor de esa niña, y al abrir el libro nos encontramos con una ilustración en la que unas huellas, tanto humanas como las de ese ser anónimo, nos invitan a iniciar la lectura.

Pronto descubriremos que las huellas corresponden a un león inmenso, y a esta niña que le habla en medio de un paisaje lleno de edificios, automóviles y contaminación. Un lugar que luce gris y caótico, en contraste con los dos personajes que se ven tranquilos.

La escena va acompañada de la frase: “Acompáñame de vuelta a casa”; y a partir de ese momento inicia el viaje. Así presenciaremos el asombro y el espanto de los transeúntes, quienes no entienden la presencia de este animal en la calle; y corren, gritan, se desmayan, incluso causan accidentes de tránsito, con tal de evitar el encuentro con esta criatura. Sin embargo, el león se pasea con la niña por la escuela, el barrio y entra en esa tienda en la que ya no quieren fiarle comida. También va con ella a recoger a su hermanito al jardín infantil y se une a ellos mientras cenan, y esperan a la madre que trabaja en una fábrica.

Hacia el final, la niña se despide del león, pero la historia no termina ahí. Nos enteraremos después, a través de varias claves que nos sugieren las ilustraciones siguientes, que este león es en realidad el padre, quien ha desaparecido desde 1985 y al que la niña trae de vuelta con su imaginación transformado en un poderoso león.

El padre protector con cuya desaparición la vida se ha hecho difícil, y eso se refleja en la independencia de la niña, sobre quien recae la responsabilidad de cuidar al hermano menor y preparar la comida, mientras la madre regresa del trabajo. El padre cariñoso, que sonríe con su melena rubia mientras abraza a la madre y a los hijos, en una fotografía que nos muestra que la ausencia ha sido larga, porque los niños han crecido y la madre ha envejecido. El padre como apoyo, pues las condiciones en que viven son precarias y la distancia que deben recorrer para llegar a la casa es enorme. El padre, en quien la niña y la madre se han convertido, al compartir las responsabilidades del hogar.

Al final, otras huellas nos sorprenden; ya no son las de la niña y el león, sino las de la niña y el padre. Entonces, nos sumamos al anhelo que plantea Jairo Buitrago con esta historia: el regreso de los ausentes, a quienes traemos de vuelta con los recuerdos, ante la impotencia de saberlos extraviados porque otros los alejaron del Camino a casa.

*Reseña elaborada por Luz Elena Arroyo, Auxiliar de Área.

¡La Biblioteca le recomienda llevar a casa este libro!