
Pieza del mes
Octubre de 2026
Noticiero Liberal
La época de la Guerra de los Mil Días estuvo permeada por el estrépito de la conflagración y el rigor de la censura, las cuales sofocaban así los canales indispensables para el ejercicio del libre pensamiento y la comunicación ciudadana. En medio de tales vicisitudes, la circulación de impresos y documentos de trinchera delinea caminos de comunicación indispensables para mantener en alto la dignidad y la perseverancia de una sociedad en guerra. El Noticiero Liberal nació como un recurso clandestino de información alterna y auxilio espiritual, llevado sigilosamente en los bolsillos de los combatientes durante los crudos enfrentamientos de la Guerra de los Mil Días. Concebidos originalmente como documentos manuscritos al calor de la emergencia bélica, resulta hoy una empresa de singular dificultad localizar la totalidad de sus ejemplares, conservándose algunos de estos valiosos vestigios en los fondos documentales de la Biblioteca Nacional de Colombia. El ejemplar N. 20 alojado en las instalaciones del Museo Lux Non Occidat, tiene la fecha del 20 de febrero de 1900, a tan solo cuatro meses de iniciado el conflicto que enfrentó al Partido Liberal contra el régimen conservador, esta humilde pieza de papel buscó sustraer del monopolio estatal la narrativa de la guerra y dotar a las tropas de una fuente de ánimo e identidad colectiva frente a la escasez y la adversidad imperantes.
La época de la Guerra de los Mil Días estuvo permeada por el estrépito de la conflagración y el rigor de la censura, las cuales sofocaban así los canales indispensables para el ejercicio del libre pensamiento y la comunicación ciudadana. En medio de tales vicisitudes, la circulación de impresos y documentos de trinchera delinea caminos de comunicación indispensables para mantener en alto la dignidad y la perseverancia de una sociedad en guerra. El Noticiero Liberal nació como un recurso clandestino de información alterna y auxilio espiritual, llevado sigilosamente en los bolsillos de los combatientes durante los crudos enfrentamientos de la Guerra de los Mil Días. Concebidos originalmente como documentos manuscritos al calor de la emergencia bélica, resulta hoy una empresa de singular dificultad localizar la totalidad de sus ejemplares, conservándose algunos de estos valiosos vestigios en los fondos documentales de la Biblioteca Nacional de Colombia. El ejemplar N. 20 alojado en las instalaciones del Museo Lux Non Occidat, tiene la fecha del 20 de febrero de 1900, a tan solo cuatro meses de iniciado el conflicto que enfrentó al Partido Liberal contra el régimen conservador, esta humilde pieza de papel buscó sustraer del monopolio estatal la narrativa de la guerra y dotar a las tropas de una fuente de ánimo e identidad colectiva frente a la escasez y la adversidad imperantes.
Llama la atención de la pieza la sustancia ideológica que impregna sus versos y consignas, la cual entronca directamente con el ideario liberal consolidado desde mediados del siglo XIX: la separación entre la Iglesia y el Estado, el federalismo, la libertad de cultos y la promoción de una educación laica. El poema de lucha, orientado expresamente a los combatientes, apela a la herencia patriótica de las generaciones precursoras y denuncia energéticamente los derechos y “santas libertades” que la Regeneración había negado durante catorce años, hasta ese entonces. Asimismo, al invocar a los hombres de armas bajo la fórmula de “Hijos de Minerva y Marte” -diosa de la sabiduría y dios de la guerra, respectivamente-, el documento sintetiza la postura del liberalismo decimonónico que se caracterizaba por su imperiosa necesidad de defender mediante las armas los principios de la razón, la instrucción pública y las libertades cívicas que el gobierno conservador buscaba revertir mediante un estrecho vínculo con la Iglesia católica. En sus versos, la entrega y la eventual efusión de sangre en el campo de batalla son presentadas como un deber moral frente al peligro de la deshonra.
En la segunda sección del documento se relata con precisión la jornada del 15 de febrero a las 4 de la tarde, momento en que se efectúa el traslado de presos políticos hacia “el panóptico de esta ciudad”, destacando entre ellos a Manuel Colmenares y Vicente Gargacha, calificados por el autor como patriotas. Aunque la historiografía actual no registra evidencias de acceso público sobre la identidad individual de estos dos personajes, el hecho se enmarca en la documentada realidad del hacinamiento carcelario de la época, estimándose que cerca de 5000 prisioneros de filiación liberal poblaron las celdas del Panóptico de Bogotá. Esta edificación cruciforme, diseñada con 204 celdas, ocho calabozos y un gran salón de guardia (Leal, 2022), alberga en el presente la sede del Museo Nacional de Colombia, proyectando hacia la contemporaneidad el testimonio físico de la represión política. La note se complemente con la difusión del rumor sobre una supuesta derrota de las tropas gubernamentales en el norte del país, recurso informativo encaminado a insinuar el progresivo debilitamiento del régimen oficialista.
El documento concluye con “Los Mandamientos”, una sátira versada en diez preceptos que acusa al gobierno y a los denominados “godos” de utilizar la religión como fachada para justificar la deshonestidad, la usura, la corrupción y la violencia política. Redactados bajo una métrica popular que facilitaba su memorización y propagación de boca en boca, estos versos condensan la mordacidad del periodismo de oposición decimonónico frente a un poder que supeditaba la fe a intereses hegemónicos. En suma, la función primordial de este papel de trinchera residió en sostener el ánimo, amparar la imaginación de quienes lo custodiaban en medio de la contienda. La exhibición y relectura de este vestigio documental nos recuerda tanto las agudas confrontaciones ideológicas que han configurado la historia nacional, y también cómo le urgía a la sociedad superar la desidia y la indiferencia, reconociendo en la memoria escrita un eslabón indispensable para la construcción de una verdadera cultura democrática y empática.
