Pieza del mes

Septiembre de 2026

Citolojia

Por: Jorge Alberto Colmenares Mantilla,
Profesor, Facultad de Derecho

Vivimos tiempos en que el ruido de la inmediatez y el exceso de eficiencia resuenan más que ejercicios indispensables para el mejoramiento de la condición humana como la reflexión, la introspección o la capacidad de transmitir historias susceptibles de construir elementos de identidad que ayuden a afrontar correctamente las imperiosas necesidades vitales que aquejan al mundo contemporáneo.

De la colección Lux Non Occidat: Museo y Archivo Histórico.

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Hablar, escribir y sobre todo leer, delinean vasos de comunicación indispensables para mejorar en sociedad; por ello, la educación tiende a sustraer del monopolio de las élites dichas competencias con el fin de superar la barbarie y el egoísmo, y fomentar que la solidez de lo común facilite el desarrollo armónico y proporcionado de los intereses particulares. En este sentido, leer implica un actuar colectivo que congrega distintas formas de pensar y de ver el mundo, aumenta la tolerancia por el otro y fortalece y fecunda las ideas y el pensamiento propios.

En el tránsito de la educación confesional tradicional a una educación abierta, crítica y con derroteros mejor formados, el método de lectura instaurado en la Citolojía – citolegia –, divulgada y editada por la Imprenta nacional, da fe de los propósitos del gobierno colombiano decimonónico en el mejoramiento efectivo del proceso de enseñanza, debido a que deja de lado distinciones nocivas y ridículas relacionadas con la raza, la edad o el sexo, al menos en lo que atañe a la capacidad efectiva de leer, y busca dotar a la sociedad colombiana de un mayor nivel de alfabetización en niños y adultos que hasta entonces carecían de instrucción mediante un nuevo método importado desde el sur de Francia.

Este sistema, que como su nombre lo indica, consistía en una manera de enseñar a leer de forma práctica, dejaba de lado el deletreo a viva voz y seguía una secuencia lógica de habilidades que partían del reconocimiento de las letras de la lengua castellana, hasta llegar a la composición de las palabras en sílabas, la separación o unión de estas por la presencia de un diptongo o un hiato, la construcción de frases simples y complejas, el uso adecuado de los signos de puntuación y la correcta pronunciación de los acentos, entre otros elementos gramaticales indispensables para la lectura y la comprensión de textos de distinta naturaleza. Luego de la reforma a la educación de 1826, la pieza del mes, que data de 1834, proyecta hacia el presente las bondades de la lectura como medio de democratización del conocimiento, y realza en la pedagogía la relación entre el maestro y sus discípulos como eje del proceso pedagógico.

Llama la atención de la pieza la lectura que aparece contigua al cuadro que presenta el contenido concreto de una de las clases que desarrollan el método, no solo por su corrección y erudición, sino por la sustancia del texto, que apunta a la identificación de una serie particularidades relacionadas con la responsabilidad cívica de los ciudadanos, la composición territorial de la nación y los límites constitucionales en el ejercicio del poder ejecutivo. Sin temor a equivocarnos, los ejercicios desarrollados en clase no solo aseguraban la habilidad de leer, sino, también, el valor de dicha habilidad para comprender la realidad imperante y sus vicisitudes. A la entrada del siglo XX, la citolegia seguía siendo utilizada como herramienta de la educación básica primaria en muchos de los colegios del país, en tanto la eficacia del sistema justificaba por sí sola su implementación, así que su exhibición en el Museo y Archivo histórico Lux non Occidat recuerda una herramienta que, aunque luego sería reemplazada por nuevas técnicas pedagógicas, evidencia el compromiso de las instituciones de educación en generar un ambiente propicio y fecundo para el crecimiento individual y colectivo de la sociedad colombiana.

Los distintos caminos que allana la lectura permiten ver la realidad desde los ojos de los otros, con empatía y sentimientos de solidaridad: “Hoy entre nosotros, existe el peligro – casi imperceptible – de la desidia, el olvido, la omisión, el descuido, la indiferencia de una sociedad que no sepa amparar los libros y los eslabones de esa cadena invisible que los salva. Urge mantener la imaginación en ascuas; urge apoyar a las personas que crean, forjan y expanden nuestros sueños: escribiendo, traduciendo, corrigiendo, ilustrando, diseñando, editando”1.


1 Vallejo, Irene. Manifiesto por la lectura, Siruela, Madrid, 2023, p. 52.

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