El día en que la contaduría celebró la verdad
Por unos instantes, el auditorio principal de la Universidad Externado de Colombia pareció contener el tiempo. Era 14 de mayo, y los rostros emocionados de madres, padres, docentes, estudiantes y seres queridos anunciaban lo que estaba por suceder: la Facultad de Contaduría Pública celebraba una nueva generación de profesionales listos para asumir su misión ética en el país.
La ceremonia de grados no fue solo la entrega de títulos. Fue un acto de gratitud, de reflexión y de memoria. Desde el inicio, el rector Hernando Parra Nieto marcó el tono solemne de la jornada. Su saludo incluyó a las y los graduandos, a quienes llegaron desde lejos, a quienes portaban con orgullo el uniforme de las fuerzas armadas, y en un gesto profundamente humano, a quienes ya no estaban físicamente presentes, pero permanecen en el corazón de la comunidad externadista.
“Nuestro saludo respetuoso, solidario y devoto al padre, a la madre y a los familiares de Karen Arango, nuestra inolvidable estudiante. Ella está presente hoy aquí y en el corazón de todos nosotros”, expresó conmovido el rector, haciendo un alto en la ceremonia para rendir homenaje a quien partió antes de recibir su título de posgrado.
Ese momento, contenido en silencio y aplausos sinceros, dio paso a las palabras que marcarían el espíritu del evento. No se trataba solamente de títulos, sino de legados. De asumir una responsabilidad que, en palabras del rector Parra Nieto, “no es un privilegio, es una carga moral, una responsabilidad indelegable”. Recordó que el contador público en Colombia no es un simple técnico, sino un fedatario: alguien en quien la sociedad deposita fe pública.
“Ustedes están llamados a ser guardianes de la verdad contable y, por tanto, de la verdad social y económica”, concluyó el rector.
El pasado también tuvo su lugar en esta jornada de celebración. El contador Luis José Orjuela, egresado destacado y orador invitado, volvió con la memoria al campus de hace más de medio siglo. Evocó los jardines tranquilos y los bloques en construcción, cuando la sede actual apenas se levantaba a los pies del cerro de Guadalupe.
“Esta fue la universidad que escogí, el Externado de Colombia, y la carrera que emprendí: la de ser contador público… hoy, después de medio siglo de haberme graduado, valoro esta decisión como la mejor de mi vida”, compartió con orgullo.
Su testimonio fue una clase viva de historia institucional, pero también un canto a la coherencia: al compromiso con los valores liberales, la excelencia académica y la formación ética que, dijo, siguen siendo el sello del Externado.
La voz de las nuevas generaciones también resonó con fuerza. En representación de las y los graduandos, Miguel Rodríguez subió al escenario con humildad y gratitud. Con palabras sentidas, reflexionó sobre el valor del esfuerzo colectivo y la importancia de no olvidar a quienes hicieron posible ese logro.
“Comprendí entonces que hacemos parte de un todo, algo grande y bonito… nuestros logros no se escriben solos. Detrás de ellos se encuentran los esfuerzos de muchas personas, las sonrisas y las lágrimas”, dijo emocionado.
Su intervención cerró con un agradecimiento especial al cuerpo docente y administrativo de la Facultad de Contaduría Pública: “Personas cuya dedicación y amabilidad marcaron nuestro paso por estas aulas, que desde sus paisajes cotidianos fortalecieron nuestro progreso”.
Al final de la jornada, entre fotografías, abrazos y ramos de flores, la comunidad externadista volvió a sus casas con más que un diploma. Volvió con la certeza de haber presenciado una ceremonia donde la memoria, la ética y el compromiso profesional se entrelazaron con el afecto familiar y el sentido profundo de lo colectivo.