Pieza del mes

Junio de 2026

Circular de asunción como virrey, gobernador y capitán general del Nuevo Reino de Granada. Juan Sámano, 1818.

Arnovy Fajardo Barragán.
Docente, Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales.

La circular de asunción que se exhibe en Lux non occidat: Museo y Archivo Histórico, podría parecer un documento administrativo más: fechada el 9 de marzo de 1818, firmada por Juan Sámano para informar al cabildo eclesiástico de Santafé que ha asumido oficialmente el cargo de virrey del Nuevo Reino de Granada. Sin embargo, basta detenerse en ella unos minutos para advertir que no se trata únicamente de una comunicación formal, sino de un testimonio vivo de un momento de transición, tensión y expectativa en la historia del territorio.

De la colección Lux Non Occidat: Museo y Archivo Histórico.

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Comenzó a circular por los espacios institucionales de Santafé. No era un documento extenso ni particularmente elaborado en apariencia: se trataba de una circular breve, redactada en un lenguaje formal y preciso, destinada al cabildo eclesiástico. Sin embargo, en esa pieza aparentemente sencilla se condensaba un acto fundamental: Juan Sámano anunciaba que había asumido el mando como virrey del Nuevo Reino de Granada.

Como objeto, la circular permite acercarse a la materialidad del poder colonial. No es solo lo que dice, sino cómo lo dice: el tono protocolario, la disposición del texto, las fórmulas cuidadosamente seleccionadas. Se trata de un documento concebido para circular, para ser leído en un espacio institucional específico y para dejar constancia de un acto de gobierno. En sus líneas se materializa el testimonio de lo que, en ese momento, parecía ser la culminación exitosa de la dilatada carrera militar de Sámano, quien había servido en los reales ejércitos desde finales del siglo XVIII tanto en Europa como en América, y fue uno de los principales jefes realistas que se opusieron militarmente a los líderes independentistas tanto en la Nueva Granada como en Quito, entre 1812 y 1816, tanto bajo la bandera constitucional de Cádiz como del estandarte absolutista.

Uno de los elementos más reveladores de la pieza se encuentra en sus márgenes. Allí aparece la respuesta del cabildo eclesiástico, consignada de forma breve: “obedécese, cúmplase, y ejecútese”. Esta anotación transforma el documento en algo más que una simple comunicación: lo convierte en un registro del diálogo institucional. En ese intercambio, la autoridad no solo se declara, sino que se reconoce y se activa. La circular, por tanto, no es un texto cerrado, sino un espacio donde se inscribe la relación entre quien ordena y quien obedece.

Aunque Juan Sámano había sido nombrado virrey en septiembre de 1817, su autoridad solo se hizo efectiva meses después, en un territorio marcado por la fragmentación del poder. Mientras Francisco de Montalvo mantenía un dominio limitado sobre la costa y Antioquia, y Pablo Morillo controlaba el interior tras su campaña militar, el propio Sámano ejercía influencia desde el sur, en la provincia de Popayán. Su llegada definitiva a Santafé permitió, por fin, concentrar esa autoridad dispersa en una sola figura.

Antes de asumir plenamente como virrey, Sámano ya había desempeñado un papel central como comandante de la capital bajo las órdenes de Morillo. En ese contexto, tomó decisiones que marcaron profundamente el periodo, como la ejecución de Policarpa Salavarrieta y sus compañeros por conspiradores, al igual que coordinó las operaciones que terminaron con la derrota de la guerrilla de los hermanos Vicente y Ambrosio Almeyda, entre otras operaciones militares, consolidándose como una figura clave en la ofensiva realista.

Con el nombramiento de Sámano como virrey se concentró en una sola persona el mando político -el cargo de gobernador- y el mando militar -el cargo de capitán general-. Por eso mismo, además de asegurar militarmente el territorio del virreinato, Sámano debía mantener buenas relaciones con la Real Audiencia y con las autoridades eclesiásticas para una gestión de gobierno eficaz. El hecho de avisar formalmente al cabildo eclesiástico de Santafé debe entenderse por la subordinación de la Iglesia Católica a la autoridad real por vía del patronato, por medio del cual la corona española controlaba no sólo a los párrocos -con su consiguiente influencia ideológica sobre la población-, sino también otro conjunto de instituciones como las de salud, educación y beneficencia, al igual que las misiones en territorios de frontera y algunos impuestos tales como los diezmos y las bulas de cruzada.

El hecho mismo de que esta comunicación se dirija al cabildo eclesiástico da cuenta del lugar que ocupaba esta institución dentro del orden colonial. La Iglesia no era un actor secundario. Su participación en la administración de recursos, como las rentas de la diócesis, su funcionamiento como tribunal para los clérigos, quienes estaban amparados en un fuero particular, como también, en la regulación de la vida social y en la legitimación del poder político.

Siguiendo la trayectoria del documento, es posible imaginar su recorrido: redactado bajo la autoridad de Sámano, enviado a una institución específica, leído en un espacio formal, para finalmente, ser anotado y archivado. En ese sentido la circular cumplió su función principal: poner en marcha una red de obediencias que permitía el funcionamiento del sistema político. De otra parte, la escritura no fue un simple registro, fue una herramienta activa del gobierno.

Se sabe que la gestión de Sámano como virrey fue corta y desastrosa. Además de las dificultades militares que condujeron a la derrota frente a las tropas de Bolívar en 1819, fueron el manejo de la economía, las pésimas relaciones con la Real Audiencia y la fuga precipitada de Santafé los factores que derrumbaron la imagen y la autoridad de Sámano. Refugiado en Cartagena, los problemas con el gobernador Gabriel de Torres y su rechazo a la Constitución de Cádiz, restablecida en 1820, provocaron la caída de Sámano, quien tuvo que partir al exilio, primero a Jamaica y luego a Panamá. Amargado, cansado y enfermo, quien fue último virrey de la Nueva Granada murió en agosto de 1821, esperando regresar a España.

Mientras tanto, con el triunfo de Bolívar y la creación de la República el cabildo eclesiástico cambió de composición. Los clérigos realistas fueron expulsados, aunque algunos, como Francisco Javier Guerra y Mier, pudieron regresar al aceptar el nuevo orden; ellos, junto con los clérigos independentistas que pudieron regresar de su destierro controlaron el arzobispado, mientras que las nuevas autoridades civiles asumieron como suyas las prerrogativas del patronato eclesiástico, situación que estuvo vigente hasta 1853, cuando la constitución de ese año decretó la separación del Estado y de la Iglesia.

A hoy, la circular transmite una imagen de seguridad y control, pero su contexto revela una realidad distinta. En ese contraste radica buena parte del valor de la pieza. Este documento, que en su momento afirmaba la estabilidad del orden colonial, se convierte hoy en testimonio de su fragilidad. Nos permite observar cómo el poder se construía a través de objetos concretos —como esta circular— que articulaban la comunicación, la obediencia y la legitimidad.

Al detenernos en esta hoja, estamos ante un vestigio material de un sistema político que se sostenía tanto en la fuerza como en la escritura. En su brevedad, la circular revela la densidad de un momento histórico en el que el orden colonial intentaba afirmarse una vez más, utilizando instrumentos que, aunque eficaces durante siglos, pronto mostrarían sus límites ante los cambios que se acercaban.

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