De un espacio olvidado a un jardín para la vida y el encuentro en La Candelaria

El sonido de las palas removiendo la tierra y de los pinceles recorriendo las paredes reemplazó, por unas horas, el ruido de una esquina que durante años estuvo marcada por la inseguridad y el deterioro. Estudiantes, vecinos y funcionarios unieron sus manos para sembrar una idea: recuperar el espacio público también es una forma de transformar la vida de quienes lo habitan.

La cita fue en la calle 12B # 0-47, en el corazón de La Candelaria. Allí, El Externado liderado por el Departamento de Bienestar Universitario, junto con el Colegio Integrado de La Candelaria, la Secretaría Distrital de Salud, la Secretaría de Educación, la estrategia Entornos Escolares y otras entidades, unieron esfuerzos para hacer realidad esta jornada de recuperación y embellecimiento.

Mientras algunos sembraban plantas polinizadoras donadas por nuestra Casa de Estudios, otros pintaban, limpiaban y adecuaban el espacio. Cada acción tenía un mismo propósito: devolverle vida a un lugar que, hasta hace poco, era asociado con el consumo de sustancias psicoactivas, problemas de salubridad y hechos de inseguridad.

«Nos dimos cuenta de que este espacio necesitaba ser intervenido porque se estaban presentando problemáticas de inseguridad, salubridad y consumo de sustancias psicoactivas. La idea es que se convierta en un jardín polinizador y darle una nueva cara a lo que antes estaba», explicó Luisa Verán, delegada de las políticas públicas de salud mental, sustancias psicoactivas y habitabilidad en calle de la Secretaría Distrital de Salud.

Pero el verdadero motor de la iniciativa fueron los estudiantes. Con las manos cubiertas de tierra y bajo el sol de la mañana, participaron activamente en la transformación del lugar. «Es importante que los estudiantes se unan porque son quienes hacen uso de este espacio. Queremos que tengan entornos saludables y seguros, que también aporten a su bienestar y a su salud mental», agregó Verán.

Más allá de sembrar especies que atraerán abejas y mariposas, la jornada dejó un mensaje claro: cuando la comunidad se apropia de sus espacios, también fortalece la convivencia y contribuye a la construcción de entornos más seguros y sostenibles.

«Fue un espacio muy proactivo, donde pudimos compartir con los residentes de la zona, ayudar a embellecer el sector y, al mismo tiempo, divertirnos», indicó Marilyn, estudiante de Gobierno y Relaciones Internacionales.

Al finalizar la jornada, el cambio era evidente. El gris del concreto comenzó a dar paso a los colores de las flores moradas, rosadas y naranjas. Y aunque para muchos pueda parecer una intervención sencilla, representa una acción capaz de transformar el entorno y demuestra que, en ocasiones, los cambios más importantes comienzan con la voluntad de trabajar juntos.

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