Reciclar no basta: América Latina ya tiene negocios circulares, pero todavía no sabe cómo escalarlos
Una investigación de José Luis Camarena, docente investigador de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad Externado de Colombia, muestra que la economía circular ya ocurre en América Latina. El reto está en reconocerla, conectarla y convertirla en una forma más amplia de hacer empresa.
Durante años, muchas personas han asociado la economía circular con una acción concreta: reciclar. Separar residuos, reutilizar empaques o llevar botellas a un punto de recolección parecen gestos suficientes para “ser sostenibles”.
Pero el problema es más profundo. Reciclar ayuda, pero suele llegar tarde. Antes de que un producto termine en la basura, alguien lo diseñó, lo fabricó, lo vendió, lo usó y decidió qué pasaría con él después. Si ese producto nació para durar poco, no poder repararse o convertirse rápidamente en residuo, la falla no empezó en la caneca. Empezó en el modelo de negocio.
Esa es una de las ideas centrales del artículo “Estado del arte de modelos de negocio circulares: evidencia de América Latina”, publicado por José Luis Camarena, docente investigador de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad Externado de Colombia, en la revista RECAI. La investigación, que puede consultarse y descargarse en Redalyc, revisa el concepto de economía circular, identifica sus principales modelos de negocio y muestra casos de empresas latinoamericanas que ya trabajan bajo esta lógica.
La economía circular no empieza en la basura
El modelo económico más común funciona bajo una lógica lineal: tomar, hacer, usar y desechar. Las empresas extraen recursos, producen bienes, los consumidores los utilizan y, al final, muchos de esos productos terminan como residuos.
Ese sistema funcionó durante décadas como si los recursos fueran infinitos. Pero no lo son. El artículo recuerda un dato clave: el Día de Sobregiro de la Tierra, que marca el momento en que la humanidad agota los recursos naturales disponibles para un año, ocurrió en diciembre en 1970, mientras que en 2021 llegó en julio.
La señal es clara: seguir produciendo y consumiendo como si el planeta pudiera reponerlo todo al mismo ritmo ya no es una opción realista.
Frente a ese panorama, la economía circular propone una forma distinta de pensar. No se trata solo de manejar mejor los residuos. Se trata de diseñar productos, servicios y empresas para que los recursos duren más tiempo, generen menos desperdicio y puedan volver al sistema.
La Ellen MacArthur Foundation, una de las organizaciones internacionales más reconocidas en este tema, define la economía circular como un sistema en el que los materiales no se convierten en desperdicio y la naturaleza se regenera; para lograrlo, los productos y materiales se mantienen en circulación mediante procesos como mantenimiento, reutilización, reacondicionamiento, remanufactura, reciclaje y compostaje.
Reciclar es importante, pero no es suficiente
Una de las claves del estudio es que la economía circular no puede reducirse al reciclaje. De hecho, el reciclaje debería ser una de las últimas estrategias, no la primera.
Antes de reciclar, una empresa puede hacerse preguntas más importantes: ¿el producto podía diseñarse mejor?, ¿podía durar más?, ¿podía repararse?, ¿podía alquilarse en lugar de venderse?, ¿podía compartirse?, ¿podía actualizarse?, ¿podía volver a la cadena productiva sin convertirse en residuo?
El artículo explica que los modelos de negocio circulares buscan crear, entregar y capturar valor de una manera distinta: con mayor eficiencia en el uso de recursos, prolongando la vida útil de productos y componentes, y cerrando ciclos de materiales.
En palabras sencillas: la economía circular no consiste solo en producir menos basura. Consiste en diseñar mejores negocios.
Seis formas de hacer negocios circulares
La investigación agrupa los modelos de negocio circulares en seis grandes categorías. La primera es la extensión de la vida útil de los productos. Aquí entran prácticas como reparación, mantenimiento, reacondicionamiento, remanufactura, venta de segunda mano y actualización de productos. La idea es evitar que un bien salga del sistema antes de tiempo.
La segunda es la proveeduría circular. Este modelo aprovecha residuos, materiales o componentes para incorporarlos en nuevos procesos productivos. Lo que antes era desperdicio puede convertirse en insumo.
La tercera es la recuperación de recursos, relacionada con procesos como reciclaje, upcycling, downcycling o minería urbana. Su propósito es recuperar materiales valiosos y reincorporarlos a la economía.
La cuarta son las plataformas colaborativas, que conectan oferta y demanda para intercambiar, compartir, alquilar o vender activos que podrían estar subutilizados. Aquí caben plataformas de segunda mano, reparación o intercambio de recursos.
La quinta es el modelo de producto como servicio. En lugar de comprar un bien, el cliente paga por usarlo o por recibir un resultado. Esto puede incentivar a las empresas a fabricar productos más duraderos, porque siguen siendo responsables de ellos.
La sexta es la categoría de materia prima orgánica, que incluye modelos relacionados con compostaje, biodigestión, biorrefinerías o aprovechamiento de residuos biológicos para generar nuevos recursos.
Estas seis categorías muestran que la economía circular no es una sola práctica. Es una manera más amplia de repensar cómo se crean negocios, cómo se usan los recursos y cómo se reduce el desperdicio desde el origen.
América Latina ya tiene casos. El problema es la escala
Uno de los aportes más relevantes del estudio es que aterriza la discusión en América Latina. La investigación identificó empresas de Colombia, México, Argentina, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay que ya operan con modelos de negocio circulares.
Colombia aparece con 16 casos documentados, seguida por México con 4, Argentina con 3, Chile con 3, Ecuador con 2, Perú con 2 y Uruguay con 1. También se mencionan empresas de Estados Unidos con operaciones en México y Uruguay que pueden enmarcarse dentro de modelos circulares.
Esto cambia la conversación. La economía circular no es únicamente una tendencia europea ni una idea lejana que América Latina debe importar. Ya existen empresas en la región que reparan, recuperan, comparten, alquilan, transforman residuos, prolongan la vida útil de productos o usan materiales de otra manera.
El problema no es que no exista nada. El problema es que muchas de estas iniciativas todavía están dispersas, son poco visibles o no cuentan con las condiciones necesarias para crecer.
La política pública también debe mirar más allá del reciclaje
El estudio señala que la economía circular ya está presente en agendas públicas de América Latina. Sin embargo, muchas políticas siguen concentradas en residuos sólidos, reciclaje y recuperación de materiales.
Colombia cuenta con una Estrategia Nacional de Economía Circular, presentada como una apuesta para repensar el modelo de desarrollo del país.
Ese avance es importante, pero la discusión no puede quedarse solo en qué hacer con los residuos cuando ya existen. La economía circular exige actuar antes: en el diseño del producto, en la cadena de suministro, en los incentivos fiscales, en el financiamiento, en la responsabilidad extendida del productor y en la formación de consumidores y profesionales capaces de entender el sistema completo.
No basta con pedirle al ciudadano que separe residuos. También se necesita que las empresas diseñen mejor, que los gobiernos creen condiciones para escalar modelos circulares y que las universidades formen personas capaces de pensar la sostenibilidad desde la estrategia, no solo desde la buena intención.
El futuro de los negocios también depende de desperdiciar menos
La economía circular puede ser mucho más que una campaña verde. Puede ser una forma distinta de diseñar empresas, productos, servicios y relaciones de valor.
La investigación de José Luis Camarena muestra que América Latina ya tiene casos, capacidades y señales concretas. Pero también deja una advertencia: todavía falta escala, articulación, educación, política pública e incentivos para que esos modelos dejen de ser experiencias aisladas y se conviertan en una transformación empresarial más profunda.
Llevar la economía circular a América Latina no exige inventar todo desde cero. Exige dejar de ignorar lo que ya está pasando en el territorio y construir sobre ello.
Porque el futuro de los negocios no dependerá únicamente de vender más. También dependerá de aprender a desperdiciar menos, diseñar mejor y entender que cada recurso que se pierde es una oportunidad que alguien no supo ver.
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Preguntas frecuentes
¿Qué significa que un negocio sea circular?
Un negocio circular diseña sus productos, servicios y operaciones para reducir el desperdicio, extender la vida útil de los recursos y reincorporar materiales al sistema productivo. No se limita a reciclar: también puede reparar, reutilizar, alquilar, compartir o transformar residuos en nuevos insumos.
¿Cuál es el principal error al hablar de economía circular?
El principal error es pensar que economía circular significa únicamente reciclar. El reciclaje es importante, pero suele aparecer cuando el residuo ya existe. La economía circular busca actuar antes: desde el diseño del producto, el modelo de negocio y la forma como se usan los recursos.
¿Qué ejemplos de modelos de negocio circulares existen?
Algunos ejemplos son la venta de productos de segunda mano, la reparación de equipos, el alquiler de maquinaria, las plataformas para compartir bienes, el aprovechamiento de residuos industriales, el compostaje, la remanufactura y los servicios en los que el cliente paga por el uso de un producto, no por su propiedad.
¿Por qué América Latina puede ser importante en la economía circular?
América Latina ya tiene empresas y emprendimientos que trabajan bajo lógicas circulares. La investigación identifica casos en Colombia, México, Argentina, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay. El reto no es empezar desde cero, sino conectar esas iniciativas y llevarlas a mayor escala.
¿Por qué la economía circular puede ser una oportunidad de negocio?
Porque permite convertir problemas en oportunidades. Un residuo puede transformarse en insumo, un producto usado puede tener una segunda vida, un equipo puede alquilarse en lugar de venderse y un material recuperado puede volver a generar valor.
¿Cómo puede una empresa empezar a aplicar economía circular?
Puede comenzar identificando dónde pierde recursos, qué residuos genera, qué productos podrían durar más, qué materiales podrían recuperarse, qué procesos podrían rediseñarse y qué alianzas podrían ayudarle a aprovechar mejor sus activos. El primer paso es mirar el sistema completo, no solo la basura final.