Mujeres Rompiendo Barreras, un programa que transformó la vida de 30 participantes en 2025-II
La tarde del 9 de diciembre cayó suave sobre el edificio H del Externado, y mientras el sol se deslizaba entre sus ventanales, en el auditorio 1 ya se hacía visible otra clase de brillo: el de las 30 mujeres que concluyeron un proceso que no solo formó habilidades, sino que transformó historias. Fue la clausura del programa Mujeres Rompiendo Barreras 2025-II, un encuentro íntimo, emotivo y cargado de sentido.
El auditorio se llenó de abrazos, miradas cómplices y pasos firmes. Allí estaban estudiantes, egresadas, mentoras, familias y amigas, reunidas en una clausura que celebraba el liderazgo, la valentía y el poder. Desde el inicio se sintió que este encuentro no era un cierre, sino un continuar.
La decana Liliana López tomó la palabra con la emoción de quien acompaña un camino que conoce desde adentro. “Muy complacida y emocionada de poder acompañar este programa… es la cuarta edición que acompaño, y es muy satisfactorio ver sus transformaciones”, dijo.
Recordó que este no es un programa que se mide por cantidad, sino por impacto. Pero esta vez, celebró ambas dimensiones: más de 300 mujeres certificadas en diez años.
“Cuando los programas, las organizaciones o las personas no se transforman, corren el riesgo de apagarse. Eso no nos puede suceder a nosotras(os) El deber es aplicar todo aquello que se aprende para ser mejores”, añadió, aludiendo a los cambios que fortalecieron esta edición.
Luego llegó el turno de María Cecilia Otoya, directora del programa, quien celebró lo vivido con un brillo especial. “Más de 305 mujeres han llegado sin creérsela y descubren que la fuerza está en ellas; han llegado sin voz y aprenden a levantarla”, dijo con firmeza. Su voz se quebró ligeramente al ver el auditorio lleno de familias acompañando a sus hijas, hermanas o parejas. “Estamos cambiando un pedacito el mundo”, afirmó, y la sala estalló en aplausos.
Una de las intervenciones más conmovedoras fue la de Diana Sáenz, mentora del programa. Con una honestidad que llenó la sala, narró cómo un exceso de trabajo la llevó a perder el equilibrio personal y, con él, momentos valiosos junto a su hija, a quien tuvo a los 25 años. Desde ese lugar de vulnerabilidad, les habló sobre la importancia de entender que el éxito también está en detenerse, respirar, cuidar(se), amar y estar presentes. Su historia resonó en todas: un recordatorio de que el liderazgo no se mide solo en logros, sino en bienestar.
Las estudiantes también tomaron la palabra. Melisa Pita, representante del grupo, ofreció un gesto profundamente simbólico: flores, broches y pines con el logo del programa para las mentoras. “No es solo un accesorio, es la insignia de una mujer valiente que abrió puertas. Nuestras gracias en forma de emblema”, expresó, mientras cada entrega se volvía un abrazo que sellaba meses de aprendizaje.
Pilar Muñoz, de la maestría en Gestión Humana de la Facultad de Administración de Empresas, compartió su propio testimonio: “Recomendaría a ojo cerrado el programa… marca totalmente tu vida y el camino para ser una mejor versión de ti cada día”. Su voz confirmó lo que ya era evidente: este programa no solo enseña, transforma.
A lo largo de la tarde-noche, entre risas, emociones contenidas y promesas íntimas, quedó claro que Mujeres Rompiendo Barreras es más que un curso: es un espacio de sororidad, de cuidado, de preguntas profundas y de oportunidades para reinventarse. Un lugar donde cada mujer encuentra un espejo amable y una comunidad que sostiene.
La decana López anunció entonces lo que muchas esperaban: en 2026 el programa seguirá creciendo y abriendo sus puertas a mujeres de todas las facultades, para que más estudiantes y egresadas fortalezcan habilidades en liderazgo, autocuidado, networking y propósito. Una apuesta institucional que se consolida y se proyecta.
La clausura terminó entre fotografías, lágrimas discretas y sonrisas generosas. Afuera, la noche ya había caído sobre el campus; sin embargo, dentro del auditorio permanecía encendida una claridad distinta: la certeza de que estas 30 mujeres seguirán rompiendo barreras, ahora con alas más fuertes.