Futuras(os) administradoras(es) comparten un último encuentro antes de recibir su diploma
Hay momentos en la vida universitaria que no necesitan un salón de clase para dejar una enseñanza. Este fue uno de ellos.
Antes de recibir sus títulos y cerrar oficialmente una de las etapas más importantes de sus vidas, los estudiantes de la Facultad de Administración de Empresas volvieron a encontrarse. Esta vez lo hicieron para compartir, agradecer, recordar el recorrido y despedirse de quienes, durante años, hicieron parte de su cotidianidad.
La decana Liliana López Jiménez se dirigió a las y los futuros graduandos y habló desde su experiencia, recordando a la joven que alguna vez estuvo exactamente en el lugar que hoy ocupan quienes están a punto de graduarse:
«En estos días he tenido encuentros que me han hecho recordar y reflexionar sobre mi yo de 22 o de 25 años, sobre quién era en el momento en el que hoy están ustedes. Recuerdo mi alegría de este logro, recuerdo mis temores frente a la incertidumbre de lo que vendría. Recuerdo estar rodeada de las personas que más quería, mi familia y mis compañeros de universidad, quienes todavía, más de 30 años después, me acompañan en los momentos más gratos y más difíciles de mi vida», señaló.
Sus palabras tendieron un puente entre dos generaciones. Aunque cambien los años y los rumbos, hay emociones que permanecen: la alegría de haber llegado hasta aquí, la incertidumbre frente al futuro y, especialmente, el valor de las personas que acompañaron el trayecto.
Dos externadistas coincidieron en que el diploma es un punto de partida. Angélica Fonseca agradeció a quienes los acompañaron, «a Dios, a nuestras familias, a nuestros amigos, a nuestros profesores, a nuestros directivos y a cada persona que ha estado en nuestro camino, por cada palabra de ánimo que nos han brindado durante este tiempo y cada día». Recordó también que la Universidad los vio llegar llenos de incertidumbre, sueños y expectativas, y que hoy puede verlos despedirse como personas diferentes.
Desde ese reconocimiento, Daniel llevó la conversación hacia el liderazgo y la responsabilidad que trae consigo la vida profesional: «Nosotros siempre pensamos que tenemos que sobresalir. […] Y resulta que un líder, hoy consideramos, es alguien capaz de hacer de otros líderes, de hacer de otras personas que son capaces de potenciarse como seres humanos, y potenciarlos es guiarlos con valores».
Asimismo, los invitó a preguntarse qué significa haber pertenecido a una institución que cree en el humanismo, en el Estado de derecho y en poner al ser humano por encima de cualquier logro mercantilista. Cerró con un brindis «por la capacidad que sé que cada uno de ustedes tiene de transformar este mundo con esta hermosa profesión, la administración».
El profesor Jairo Abello también quiso dejarles un mensaje: «Así como ustedes encontraron las cosas, entréguenlas mejor de lo que las encontraron, así como hicieron sus viejos. Por esa expectativa y por ese sueño, y porque nosotros estamos aquí para ayudarles en eso, se les quiere».
Este encuentro era una despedida, pero ninguna de las palabras sonaba a adiós definitivo. La vida profesional traerá decisiones, cambios y oportunidades, momentos para adaptarse y volver a aprender, y la Facultad seguirá siendo un lugar al cual regresar.
Las fotografías, los abrazos y los brindis quedarán como parte de la historia externadista que cada uno se llevará en el corazón. Algunos volverán a verse pronto; otros quizá tarden años, pero los lazos los acompañarán siempre, porque graduarse es llegar al final de una etapa y descubrir que otra, llena de nuevos sueños, los espera.