ESPECIAL – Aranceles | Cómo no salir quemados: cabeza fría en la guerra comercial más tonta
Recientemente, el presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, ha ajustado de manera inesperada los aranceles para distintos países, entre ellos China.
Por: Andrés Botero-Hoyos
En siglos anteriores se ha visto que los gobernantes de algunos reinos o imperios han buscado imponer condiciones militares, comerciales y de vida cotidiana a otras naciones, con distintos niveles de intrusividad, para intentar obtener ventajas para el gobernante, para la élite que lo mantiene en el poder o, en el mejor de los casos, para el pueblo al que rige o representa.
Ahora bien, en décadas recientes, han sido aplicados los aranceles, como una medida de aduanas que busca regular algunos aspectos económicos del comercio internacional y generar además una fuente de recursos adicionales para el Estado. En un esquema de proteccionismo, si un gobierno busca fomentar la industria nacional, el empleo y el crecimiento económico en torno a la producción ciertos tipos de bienes, puede tomar el camino de aplicar aranceles a la importación de esos bienes, para que los productores nacionales puedan producirlos y venderlos con menor competencia de los importados.
Los países del planeta hemos pasado desde esquemas con un comercio internacional restringido, logística demorada y costosa, aranceles altos y protección a la industria manufacturera nacional, hacia esquemas en los que llegó a imponerse un comercio internacional más libre, rápido, con aranceles bajos, acuerdos de libre comercio y mayores economías de escala. Parecíamos estar acostumbrados a esta lógica reciente y talvez pensamos que era la tendencia definitiva hacia la que se estaba dirigiendo la producción y circulación de bienes en el mundo.
En principio, los aranceles se aplican a los bienes; no a lo países. De todas maneras, en términos de política comercial es común hablar de aranceles diferenciados por país. En ese sentido, el presidente de Estados Unidos ha descubierto su efectividad como medida de presión política hacia otros países. Ya no es tan eficiente emprender invasiones militares, revocar visas, retirar “certificaciones”, imponer embargos. Países como México han mostrado rápidamente su voluntad de ofrecer concesiones para evitar que se les imponga aranceles elevados a sus bienes; otros, con más poder de negociación, como Canadá y China, han sido huesos más duros de roer.
Al imponer aranceles a la importación de bienes chinos a Estados Unidos, se consigue que los consumidores estadounidenses paguen más por los productos que proceden del gigante asiático. Con el aumento de precio de los bienes chinos, ¿los consumidores de Estados Unidos reducirán el consumo de bienes, lo que afectaría los ingresos de los productores chinos? O, por el contrario, ¿seguirán consumiendo cantidades similares, de manera “inelástica” ante el aumento de precio? ¿Todo esto servirá finalmente para aumentar la producción y el empleo en un país donde la manufactura ha venido perdiendo participación relativa frente a los servicios?
Además de los posibles efectos en los montos de compra y venta trasnacional de mercancías, en los niveles de producción, tasas de empleo e indicadores de crecimiento económico, la reciente dinámica de aranceles tiene efectos sobre la logística, que terminan afectando a todas las cadenas de abastecimiento y redes de valor trasnacionales. Se introduce un grado de incertidumbre que puede afectar de manera muy relevante los costos y la fluidez de materias primas, productos en proceso y productos terminados.
La rapidez de los anuncios sobre variación de aranceles de importación de productos en Estados Unidos, no va acompañada de manera inmediata con la emisión de normas detalladas y procedimientos para su aplicación. Los planes mensuales y semanales de producción, ventas y operaciones, que las empresas generan a partir de pronósticos de largo plazo con ciertas premisas, ahora están cambiando de manera abrupta.
En el corto plazo, las materias primas pueden cambiar fuertemente de precio cuando ni siquiera han llegado al país de destino y en ocasiones no es tan claro si es el vendedor, el intermediario o el comprador quien debe asumir esa variación de precio; las nuevas demoras en las aduanas pueden hacer que no se cumpla oportunamente con los planes de producción y a su vez se retrase y se encarezca el despacho de productos terminados; el nivel de inventarios en todas las partes de las cadenas productivas, buscará amortiguar la variabilidad, pero traerá costos adicionales.
Siendo Estados Unidos el principal socio comercial de Colombia y comprador de sus productos, ¿cómo deberían actuar las autoridades colombianas y los directivos de las empresas que operan en este país? Es importante entender que en un entorno de incertidumbre no se debe reaccionar de manera visceral y que las redes de valor siguen estando fuertemente interconectadas, lo que hace que los “timonazos” fuertes en una dirección o en otra, puedan derivar en efectos indirectos amplificados e indeseables (exceso de inventario, defecto de inventario, excesivo adelanto o atraso en los cronogramas de producción, desfinanciamiento, exceso de liquidez, etc.).
Una oportunidad de negocio evidente es hacer acuerdos e implantar instalaciones industriales livianas para dar unos últimos procesos a productos de empresas chinas (ensamblaje, pintura, empaque, etc.) de manera que se puedan exportar hacia Estados Unidos como originarios de Colombia. En un caso similar, el papel logístico de Georgia, país asiático, cambió radicalmente al convertirse en un punto de triangulación de la mercancía europea que tiene restricciones para ser vendida directamente a Rusia, después de las sanciones impuestas tras la invasión de Ucrania.
La triangulación comercial es una oportunidad, pero con riesgos considerables: mientras las inversiones toman tiempo en ejecutarse, las normas arancelarias cambian constantemente. Si bien es una estrategia posible, existe también la posibilidad de que Estados Unidos imponga reglas de origen más estrictas.
Los gremios económicos y las empresas podrían acudir a estudios de futuros en los que exploren y analicen escenarios con situaciones de aranceles estables altos, reestabilizados bajos o con un “tira y afloje” que mantenga una situación volátil en el mediano y largo plazo. Previstas estas situaciones, se puede prever coberturas para los riesgos más significativos por su probabilidad de ocurrencia, para su impacto o para la combinación de los dos. Por ejemplo, instaurar un esquema de inventarios más descentralizado, con centros de distribución dispersos entre dos o tres países, de manera que permitan reaccionar de manera resiliente a un costo razonable. También se debe diversificar mercados; esto puede ser más difícil de decir que de hacer, pero es imprescindible.
En efecto, los empresarios colombianos podrían dejar pasar algunas oportunidades especulativas, para adoptar estrategias resilientes garantizará un desarrollo económico más equilibrado y sostenible en el cambiante escenario del comercio global.