Externadistas ven la logística agroalimentaria desde Corabastos

Antes del amanecer, un grupo de estudiantes de la Facultad de Administración de Empresas (FAE) se embarcó en una experiencia única: visitar Corabastos, la mayor central mayorista de alimentos frescos de Colombia y la segunda de Latinoamérica.

El bullicio del comercio comienza con el amanecer. Antes de que la ciudad despierte por completo, en el corazón de un complejo de logística agroalimentaria, cientos de camiones ya han cruzado sus amplias vías, descargando toneladas de productos esenciales. En medio de este dinámico engranaje de la economía, un grupo de estudiantes de la Facultad de Administración de Empresas emprendió un recorrido diseñado para conectar la academia con la realidad del comercio agroalimentario del país.

La visita, coordinada por el profesor Andrés Botero H. en conjunto con la Gerencia Comercial de la corporación, permitió a los estudiantes adentrarse en el núcleo de este ecosistema comercial. Desde el perímetro hasta el interior de las imponentes bodegas, el grupo fue testigo del incesante movimiento de productos de primera necesidad: papa, cebolla, frutas, especias y pescado. Con cada paso, el aroma de las especias se mezclaba con la humedad del pescado recién descargado, creando una sinfonía sensorial que evidenciaba la riqueza del comercio local.

Uno de los momentos más impactantes fue la caminata por las enormes naves de almacenamiento. Mientras los estudiantes avanzaban por los estrechos pasadizos, los «coteros» sorteaban con agilidad los pasillos, cargando pesadas bolsas sobre sus espaldas. En las bodegas dedicadas a la papa, las cifras cobraban vida: más de 1.000 toneladas diarias de este tubérculo pasaban por allí, dando cuenta de la magnitud del negocio que sostenía la alimentación de millones de colombianos.

El recorrido no solo estuvo marcado por el movimiento de mercancías, sino también por las historias de quienes hacen posible esta operación colosal. Luis Fernando, funcionario de la corporación, relató con orgullo que tanto él como su hijo eran egresados de la universidad y que, desde su puesto, se encargaba de informar a distintas emisoras sobre los precios de los alimentos, una tarea clave para la economía del país. En otro punto, doña Gloria, una comerciante de legumbres, inspiró a los jóvenes con su inquebrantable espíritu trabajador y su visión optimista del futuro de los negocios agroalimentarios.

El grupo también tuvo la oportunidad de adentrarse en una cava, donde el frío extremo –inferior a los 10 grados Celsius bajo cero– contrastaba con el calor del exterior. Dentro, rodeados de grandes bloques de hielo y cajas repletas de pescado, los estudiantes comprendieron la importancia de la cadena de frío en la preservación de los alimentos y la distribución eficiente de productos perecederos.

Más allá de la logística y el comercio, la visita fue una lección vivencial sobre la interconexión entre la teoría y la práctica. En cada parada del recorrido, los jóvenes pusieron en contexto los conocimientos adquiridos en el aula, comprendiendo de primera mano los retos y oportunidades de las redes de valor en Colombia.

Este acercamiento al mundo real reflejó el compromiso de la universidad con la formación de profesionales capaces de construir un país factible dentro de la pluralidad. Desde los mercados hasta las aulas, los estudiantes aprendieron que la economía no se estudia solo en los libros, sino que se respira, se toca y se vive en cada transacción, en cada bulto de papa descargado, en cada cifra que da forma al comercio agroalimentario del país.

140 años de historia