Abrir los cajones para conocer los secretos del arte virreinal
La Facultad de Estudios del Patrimonio conmemoró los 140 años de la Universidad con el lanzamiento del libro: Retablos portables, cajones de imágenes religiosas en la Colombia virreinal, de Laura Liliana Vargas Murcia.
Cuando Pandora, sin permiso de Zeus, abrió la caja con todos los males que nos agobian como humanidad, desató el miedo y el caos y puso de manifiesto que las mujeres podemos tomar decisiones arrebatadas, con lo que, de paso, reivindicó el poder de la curiosidad femenina; y el pasado 12 de febrero la Facultad de Estudios del Patrimonio convocó a la comunidad educativa de la Universidad y al público en general en sus 140 años, al lanzamiento del libro “Retablos portables, cajones de imágenes religiosas en la Colombia virreinal”, producto de la curiosidad, la constancia y el empeño de la investigadora y doctora en Historia del Arte y Gestión Cultural en el mundo hispánico, Laura Liliana Vargas Murcia, quien empezó a escarbar en estos cajones desde su trabajo de grado como artista plástica hace 25 años.
Con la asistencia de más de 50 personas, entre las que había estudiantes y docentes de las carreras de Arqueología y de Conservación y Restauración de Patrimonio Cultural Mueble, docentes de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, profesionales de las instituciones cuya misión es la salvaguarda del patrimonio cultural mueble —como la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y el Museo Colonial del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes—, diseñadores e investigadores, Vargas Murcia presentó de manera detallada el proceso de cuatro años de investigación que condujo a la compilación de este libro y relató que las primeras aproximaciones a este tema las hizo desde su trabajo de grado en pregrado.
Este libro es producto de la beca de investigación Marilynn Thoma Postdoctoral Fellowship, otorgada en 2021 por Thoma Foundation, fundación que tiene asiento en Estados Unidos y apoya tareas que contribuyan al rescate y visibilización del arte virreinal. Para Vargas Murcia, denominar el arte correspondiente al periodo comprendido entre el siglo XVI (cuando se instaló la Real Audiencia de Santafé en 1550) y el inicio de las gestas de Independencia (durante la segunda década del siglo XIX) como “arte colonial” es impreciso, ya que estos territorios de ultramar no eran simples colonias del imperio español porque contaban con toda una estructura institucional y de gobierno que, aunque no fuera completamente autónoma del poder del monarca, sí determinaba que para muchas cosas el virrey mismo, como su representante, podía decidir; por ello no éramos simplemente colonias, lo que agota el concepto de “arte colonial”, idea que fue debatida junto con los asistentes frente al fenómeno decolonial que actualmente permea todas las decisiones en cuanto al manejo, reconocimiento y conservación del patrimonio cultural de ese periodo de la historia en nuestro país.
Con esta publicación nos adentramos a un universo donde hay un fuerte componente histórico, porque nos acerca al ejercicio de la devoción y la evangelización en el Nuevo Mundo, donde podemos encontrar, también, información sobre la iconografía que viste e ilumina los retablos y cajones estudiados. Un capítulo completamente ilustrado al estilo del cronista del virreinato del Perú, Felipe Guamán Poma de Ayala, donde por medio de viñetas se cuenta a manera de narración gráfica cómo fue uno de los encargos hechos en el Putumayo a artesanos de la región para la elaboración de un cajón, basados en un texto escrito por fray Juan de Santa Gertrudis.
Otro capítulo da cuenta de las pruebas de laboratorio adelantadas para la investigación en el Laboratorio de Estudios en Artes y Patrimonio (LEAP), de la Universidad de los Andes, y en el Laboratorio Interdisciplinar de Patrimonio Cultural (LIPAC), de la Universidad Externado de Colombia, en Bogotá; estudios que sirvieron para poder acercarse a los componentes de la materialidad de algunos de los cajones y con estudios adelantados con profesionales en restauración independientes y un profesional en veterinaria, quien fue quien hizo las radiografías de algunas de las cajas develando así los secretos ocultos en sus estructuras y los modos constructivos que se usaron para ensamblar los cajones; de la misma forma que un ingeniero forestal, un entomólogo, un biólogo y el jardinero del Museo del Prado apoyaron el descubrimiento del tipo de madera en el que están hechos y las especies retratadas en las ilustraciones que los decoran, para acercarlos a manera de georreferenciación a lugares específicos de los territorios de donde procedían los materiales empleados para su elaboración.
El libro, editado de manera independiente, es una edición de lujo diseñada e impresa con talento colombiano; cierra con el más completo catálogo de cajones portátiles religiosos neogranadinos que se haya editado e incluye una carpeta de hojas facsimilares con las que se pueden recortar y armar siete modelos de algunos de los cajones estudiados, que de manera sencilla y didáctica contribuyen a acercar a los lectores interesados en patrimonio o a los más legos, a la construcción de estos cajones y a la apropiación del patrimonio cultural mueble.
La tarea en cifras
- Investigación: 18 archivos consultados en 3 países y colecciones de 25 museos en 5 países.
- Contenido: 49 cajones de 15 ciudades componen el catálogo y 9 obras contaron con estudios técnicos de laboratorio.
- Producción: 18 ilustraciones, ingeniería de papel para 7 retablos armables y 2 códigos QR con información adicional.
- Esfuerzo: 4 años y 6 meses de trabajo resumidos en 466 páginas que guardan tres siglos de historia virreinal.
Esta publicación, como cualquier cajón virreinal, encierra como pocos una oportunidad para reconocer la labor de los artesanos indígenas, mulatos y mestizos que acompañaron con su silente trabajo y delicadeza los procesos de evangelización y para recordarnos que las labores manuales pueden tener fuentes muy diversas y que el trabajo de esos artesanos, independientemente de sus creencias, seguramente estuvo motivado por alguna inspiración divina.