“Sin acceso real a la justicia, el derecho pierde su razón de ser”

Así se vivió la ceremonia de grado de las(os) especialistas y magísteres de la Facultad de Derecho, una jornada atravesada por la emoción, la gratitud y la conciencia de lo que significa asumir, desde ahora, la responsabilidad de ejercer el Derecho en un país que necesita voces éticas, humanas y capaces de transformar realidades.

Hay días que no terminan cuando se apagan las luces del auditorio. Permanecen. Se quedan en la memoria porque representan algo más profundo que un diploma o una fotografía: marcan el instante exacto en el que una vida cambia de dirección y adquiere otra responsabilidad: llevar la impronta y el legado externadista.

Antes de que se apagaran esas luces ocurrió el gran momento. La ceremonia de grado presidida por el rector Hernando Parra Nieto; la decana de la Facultad, Emilssen González de Cancino; la secretaria general, María Julieta Villamizar; la directora académica; Carolina Esguerra; y la egresada destacada y magistrada de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, Adriana López, cada abogada(o) recibió el diploma que honra, una vez más, el esfuerzo de la etapa que se cierra.

El rector, citando al jurista y pensador británico Richard Susskind, habló sobre los cinco desafíos que definen al jurista de este siglo, aquellos que, como externadistas, las(os) graduandas(os) deben reconocer y asumir como propios: el acceso a la justicia como derecho humano, la conexión con los principios jurídicos básicos, el aprendizaje permanente, la vinculación a comunidades jurídicas y la resolución no judicial de conflictos.

Sobre el primero de ellos expresó: “La justicia existe para quienes pueden pagarla, para quienes saben cómo buscarla, para quienes tienen el tiempo y los recursos de seguir un proceso largo. Para los demás, el sistema judicial es una promesa incumplida. El jurista del siglo XXI no puede ser indiferente a esa realidad. Sin acceso real a la justicia no puede garantizarse la coexistencia pacífica, y sin coexistencia pacífica el derecho pierde su razón de ser”, señaló.

Más adelante, Adriana López tomó la palabra para recordar que la formación como juristas también exige aprender y desaprender. Su intervención estuvo marcada por una invitación a actuar desde la ética cual sea el área en la que ejerzan.

“Que los juristas contribuyan a que nuestra Constitución siga siendo una realidad. Cada argumento, cada decisión, y cada acción de ustedes va a contribuir a legitimidad, a la formación de confianza pública y a un fortalecimiento institucional. Su labor puede redefinir la justicia y acercarla a quienes más lo necesitan. A lo largo de la historia, la figura del abogado ha sido guiada por principios de tan alto valor ético que trascienden el ejercicio de la profesión”, dijo. 

La voz de las nuevas generaciones también tuvo un lugar especial en esta ceremonia. Cristian Andrés Satizábal habló en representación de sus compañeras(os), evocando los años compartidos, la valentía y la persistencia, y el esfuerzo de cada una de las familias porque, en sus palabras: “Graduarse es honrar a quienes caminaron a nuestro lado incluso en el silencio”.

Más allá de los títulos obtenidos en áreas relacionadas con contratos, derechos humanos y distintas ramas del Derecho, esta graduación simboliza algo difícil de resumir en un acta: la consolidación de personas capaces de leer críticamente el mundo y de intervenir en él con sensibilidad, criterio y convicción ética.

Porque estamos convencidos que el Externado les enseñó que el derecho solo tiene sentido cuando protege la vida, la dignidad y la confianza entre las personas.

¡Felicitaciones a nuestras(os) nuevas(os) especialistas y magísteres!

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