La Clínica Jurídica Espeletia presentó el conversatorio: ‘Transición energética en Colombia: Otros futuros posibles’

En nuestra Casa de Estudios tuvo lugar este encuentro, moderado por el Dr. Manuel Páez Ramírez, director de la Clínica. El panel de invitados estuvo integrado por:

  • Johana Rocha Gómez, abogada de la Universidad Externado, integrante del Panel de Expertos de Naciones Unidas sobre Minerales Críticos para la Transición Energética y exviceministra de Minas de Colombia.
  • Guillermo Rivera Flórez, abogado externadista especialista en Derecho Administrativo y magíster en Ciencia Política, Economía y Relaciones Internacionales, con una destacada trayectoria en el servicio público como exministro del Interior, exembajador en Brasil y excongresista.
  • Andrés Camacho Morales, ingeniero eléctrico, magíster en Administración de la Energía y sus Fuentes Renovables, y exministro de Minas y Energía de Colombia.
  • Juan David Correa Ulloa, literato, escritor, editor y gestor cultural, exministro de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia.
  • Tatiana Roa Avendaño, doctora en Humanidades, magíster en Estudios Latinoamericanos e ingeniera de Petróleos, y exviceministra de Ordenamiento Ambiental del Territorio.

El primer bloque del conversatorio se preguntó quiénes están llamados a impulsar la transición energética en Colombia. Los panelistas reconocieron que el Estado tiene el rol de poner las bases, pero también que los empresarios tienen el papel de aplicar los Principios Rectores de Naciones Unidas —Proteger, Respetar y Remediar— desde el diálogo y la prevención. Y, sobre todo, recordaron que las comunidades ya vienen construyendo alternativas, como las energías comunitarias, apoyadas en saberes ancestrales que nos ayudan a entender que la energía no es infinita. En el fondo, dijeron, esta es una conversación multivariable y profundamente cultural, no solo jurídica o tecnológica.

Después, la charla giró hacia los mitos y verdades de la transición. Se desmontó la idea de que basta con “cerrar la llave” del petróleo o instalar paneles solares: existen muchas más alternativas, como la bioenergía, y el país tiene un enorme potencial. También se cuestionó el prejuicio de que las comunidades no pueden liderar el proceso, cuando las energías y los acueductos comunitarios demuestran justamente lo contrario. Por eso los panelistas insistieron en que no hablamos solo de una transición energética, sino socioecológica y cultural —y advirtieron que el llamado capitalismo verde tampoco es la salida—. Frente al desánimo, invitaron a imaginar una vida buena que no exija destruir a otros y a poner el derecho a la vida en el centro del debate.

Para cerrar, hubo consenso en que el camino es el diálogo democrático, sostenido con pruebas y con la verdad por delante. Las universidades, dijeron, pueden ser un vehículo confiable para estas ideas, siempre que democraticen el conocimiento e incorporen los saberes de las comunidades en igualdad de condiciones. Y frente a la crisis de creatividad política, hicieron un llamado a atreverse a imaginar otros futuros y a ponernos de acuerdo, primero, sobre las preguntas que deben guiar la discusión.

Gracias a la intervención de los estudiantes de la Clínica, Johana Rocha trajo a colación cómo el estudiantado externadista puede aportar concretamente al debate sobre la transición energética. Valiéndose de su condición de egresada de la Universidad, recordó que un día soñó con que pudiéramos tener una clínica como la que hoy existe. Compartió que, desde su experiencia como estudiantes, sentían la urgencia de que la formación no fuese únicamente un conocimiento jerarquizado de profesores a estudiantes, sino que incluso entre estudiantes se construyeran nuevas reflexiones, conectando los aprendizajes del pensum con las realidades del país e intercambiando saberes con estudiantes de otras facultades y universidades. Subrayó que:

«fruto de esa organización estudiantil y de soñar un país distinto, se cofundaron organizaciones no gubernamentales que, de la mano con comunidades, dieron lugar a litigios estructurales: la sentencia del río Atrato y el caso de la ventanilla minera son producto del trabajo de estudiantes externadistas que lograron co-construir esa visión con procesos de base».

Cerró reivindicando ese rol como una oportunidad de creación de los y las estudiantes en esta casa de estudios, y recordando que las transiciones demandan la creatividad del estudiantado y que espacios como este conversatorio son cruciales para activarla y conectarla con otras experiencias e iniciativas.

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