El derecho también se estudia en la resiliencia: grados de la Facultad de Derecho

La mañana abrió con un aire solemne, casi íntimo, como si cada paso hacia el auditorio evocara los 140 años de historia que sostienen al Externado. Este 19 de noviembre se llevó a cabo la ceremonia de grado de pregrado y posgrado de Derecho.

Allí, donde el eco de generaciones enteras acompaña a quienes llegan para graduarse, el rector Hernando Parra Nieto invitó a mirar atrás para entender el peso—y también la belleza—del proyecto educativo que estaban a punto de continuar.

El rector recordó que esta universidad no nació de la comodidad, sino de la convicción: la de hombres y mujeres que, guiados por la libertad y el amor por el conocimiento, sostuvieron al Externado incluso en los tiempos más difíciles. Desde ese lugar histórico, compartió un hecho que pocas veces se dice en voz alta:

“Las afugias financieras propias de la época hicieron que los profesores firmaran un pacto de honor mediante el cual no solo renunciaban a percibir un salario, sino que incluso aportaban de sus propios recursos para que el Externado pudiera seguir dictando sus clases”, señaló el rector. 

Con ese escenario, el rector se adentró en una enseñanza que quiso legar a la nueva generación: la diferencia entre potestas y auctoritas, no como un recuerdo del derecho romano, sino como un faro ético para el ejercicio profesional que comienza.

“La potestas es el poder formal; la autoridad, en cambio, es la fuerza del saber, del prestigio y del carisma socialmente reconocido. Hoy ustedes son legatarios precisamente de ese talante externadista”, afirmó Parra Nieto. 

Luego, José Santos, profesor y egresado destacado, cambió el tono solemne por uno cercano, casi de consejo entre quienes han caminado la misma ruta. Desde esa humanidad, quiso dejarles una advertencia esencial: que el éxito aparente puede tentar, pero no construir. Con una honestidad que hizo que muchos levantaran la cabeza para escucharlo mejor, dijo:

“Los atajos no existen. El éxito en la vida por esa vía es efímero… El buen trabajo realizado de forma constante, honesta y disciplinada los llevará a sentirse orgullosos de ustedes mismos”.

La voz estudiantil llegó con Ana Sofía Mora, quien habló en nombre de quienes hoy culminaron un ciclo que comenzó en circunstancias extraordinarias. Su intervención no fue solo un discurso: fue el retrato de una generación marcada por la resiliencia, capaz de estudiar derecho entre pantallas, silencios y temores. Conmovió al recordar la vida académica en pandemia y el regreso al campus como un renacer compartido. 

“Somos la generación que aprendió que el derecho también se estudia en la resiliencia… Aprendimos a ser disciplinados en soledad, a levantarnos otra vez, a no renunciar a nuestros sueños aun cuando los momentos son inciertos”, expresó Mora. 

Ceremonia de la tarde

En la ceremonia de la tarde, el auditorio volvió a llenarse, esta vez con especialistas y magísteres que cerraban una etapa más madura, más técnica, pero igualmente marcada por la tradición externadista. La decana de la Facultad de Derecho, Emilssen González de Cancino, abrió esta segunda parte con una invitación a mirar el derecho no como un oficio, sino como una conversación profunda entre pasado, presente y futuro.

Su mensaje recordó que el derecho que se estudia en esta casa se fundamenta en lo justo, en la defensa del interés común y en los principios romanos que siguen vigentes: vivir honestamente, no hacer daño a nadie y dar a cada cual lo suyo.

“El derecho que en las especializaciones y maestrías cuyos títulos reciben hoy guió diálogos abiertos”, insistió  González de Cancino, subrayando que el conocimiento adquirido es, en esencia, una responsabilidad con la sociedad.

Luego, Juan Felipe Navia, egresado destacado, tomó la palabra con un discurso que combinó rigor intelectual y emoción. Les habló del esfuerzo detrás de cada diploma, de las horas de estudio, de los sacrificios y del crecimiento personal y profesional que implican estos programas. Su mensaje central fue uno que resonó profundamente: que el conocimiento solo alcanza su plenitud cuando se multiplica y se comparte con ética.

“Esa sólida base de conocimientos aunada al espíritu de libertad, ética personal radical, respeto por el otro y sus ideas y solidaridad… permite a ustedes tornarse multiplicadores de conocimiento y de esos valores en todo el territorio nacional”, dijo Navia. 

La ceremonia cerró con la voz de Glenys Hernández, quien habló en representación de los graduandos de la tarde. Su intervención partió de una confesión sencilla y poderosa: que, mirando hacia atrás, todo encaja, incluso lo que en su momento pareció pequeño o difícil.

Su reflexión recordó que el camino académico no es una línea recta sino un proceso de transformación que prepara para lo que viene.

“Si hubiera sabido lo que Dios tenía planeado para mí, no me hubiera preocupado tanto en el pasado por pequeñeces… Cada dificultad y cada reto académico fueron parte de un propósito mayor”, aseguró Hernández.

Con esa certeza, Glenys celebró no solo el triunfo individual, sino el privilegio de pertenecer a una facultad cuyo rigor ha marcado la historia jurídica del país y cuyos valores seguirán acompañando a quienes hoy se gradúan.

Y así, entre memorias, aprendizajes y promesas, el día cerró con un mismo hilo conductor: que en cada diploma y en cada abrazo se renueva un legado construido con libertad, ética y compromiso. Un legado que hoy pasa a nuevas manos, listas para llevarlo más lejos.

140 años de historia