“Sus voces fueron silenciadas, pero su fuego sigue vivo”: estudiantes de 5to año de Derecho rinden homenaje a nuestros maestros ausentes

Por: Diego Lozano

Entre el ‘hall’ de los mosaicos y muy cerca de la ‘Columna Trunca’, nuestros estudiantes de quinto año de Derecho y miembros de nuestra comunidad se reunieron para rendir homenaje a los externadistas eternos: los 11 magistrados asesinados durante la toma y retoma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985.

Han transcurrido 41 años desde los fatídicos 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando la barbarie de la toma y la retoma del Palacio de Justicia ahogó en humo y fuego a la majestad de la rama judicial colombiana. Para la comunidad externadista, se trata de un hecho que sigue presente en la memoria colectiva, y que trasciende con un matiz de dolor, pero que también sirve como motivo para tener presente que la justicia sirve al bien común y prevalece por encima de la violencia.  

El acto, impulsado con pulso reflexivo por la promoción de quinto año, comenzó entre miradas solemnes y una sensación fraterna por la conmemoración. El profesor Jorge Alberto Colmenares abrió la jornada enmarcando el sentido del tributo frente al monumento.

«Fueron dos días que marcaron la historia del país y que para nuestra universidad significaron una pérdida irreparable… No estamos aquí solo para recordar el dolor; estamos para honrar a quienes dedicaron su vida a la justicia y al derecho, y para reafirmar nuestro compromiso con la memoria, con la verdad y con el estado de derecho», afirmó Colmenares. 

Los nombres de Alfonso Reyes Echandía, presidente de la Corte Suprema de Justicia de Colombia; Manuel Gaona Cruz, magistrado y presidente de la Sala Constitucional; Carlos Medellín Forero y Ricardo Medina Moyano, magistrados de la Sala Constitucional; Fabio Calderón Botero, magistrado en la Sala de Casación Penal; Emiro Sandoval Huertas, magistrado auxiliar; Darío Velásquez Gaviria, magistrado de la Sala Penal; y José Eduardo Gnecco Correa, magistrado de la Sala Laboral, resonaron uno a uno, devolviéndolos por unos instantes al espacio donde enseñaron a pensar la libertad.

Al tomar la palabra, el rector Hernando Parra Nieto, visiblemente conmovido, evocó el vínculo íntimo de los togados cayeron en el ejercicio de su deber, rememorando el paso de aquellos juristas por su propia formación académica y vital.

«Fue un momento muy difícil y fue aún más difícil superarlo. 11 magistrados perdieron la vida junto con funcionarios, empleados y ciudadanos. Han pasado 41 años y para muchas familias la búsqueda de la verdad aún continúa. Esta casa de estudios lo recuerda con un dolor propio. Todos ellos murieron en el ejercicio de su deber, en el lugar donde una sociedad resuelve con razones lo que de otro modo se resolvería con armas», dijo el rector Parra.

La emotividad de la jornada se profundizó cuando el docente Sebastián Martínez retrató la dimensión cotidiana de la tragedia, devolviendo a los mártires a su condición de hombres de carne y hueso que transitaban casi a diario por esos mismos pasillos empedrados: «Sus voces fueron cruelmente silenciadas a pesar de clamar por el cese al fuego. No regresaron al salón de clases, no regresaron a casa. No hubo más llamadas a la esposa ni abrazos a los hijos. El Externado observó con impotencia tan fatídico día».

El relevo generacional de la memoria quedó manifiesto en el discurso de Mariana Hartmann, representante de la promoción saliente. En sus palabras se sintetizó el sentir de quienes hoy están a punto de recibir el título de abogados sin haber sido testigos directos de las horas más oscuras del país. 

«La mayoría de nosotros no habíamos nacido. Sin embargo, hemos conocido lo ocurrido a través de las imágenes, los testimonios, las conversaciones con nuestros profesores y los relatos de nuestras familias… Para los externadistas es una herida propia. No es solo un capítulo de la historia nacional ni un caso que estudiamos en clase; es parte de la historia de esta universidad», señaló Hartmann.

El tributo concluyó con un minuto de silencio abrumador, abrazado por el contorno del campus. Ante la columna trunca, los futuros juristas sellaron la promesa implícita de su vocación: que la llama del pensamiento de sus maestros siga encendida, defendiendo el derecho a través del tiempo.

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