Mes del Orgullo: por qué sigue siendo importante hablar de diversidad en la universidad

Cada junio, miles de personas alrededor del mundo conmemoran el Mes del Orgullo, una fecha que invita a reconocer las luchas históricas de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans, no binarias y de otras identidades y orientaciones diversas de la heteronorma, así como los avances alcanzados en materia de derechos, inclusión y reconocimiento social.

El origen de esta conmemoración se remonta a los disturbios de Stonewall, ocurridos en junio de 1969 en Nueva York. En una época marcada por la criminalización y la persecución sistemática hacia las personas de la diversidad sexual y de género, las redadas policiales en espacios frecuentados por estas comunidades eran frecuentes. Sin embargo, aquella noche, quienes habitaban los márgenes sociales —entre ellas personas trans, drag queens, jóvenes racializados y personas sin hogar— resistieron colectivamente a la violencia institucional, dando origen a uno de los hitos más significativos del movimiento contemporáneo por los derechos LGBTIQA+.

A partir de entonces se produjeron importantes transformaciones a nivel internacional. Entre ellas se destacan la eliminación de la homosexualidad de la lista de trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría en 1973 y la formulación de los Principios de Yogyakarta en 2006, que consolidaron referentes fundamentales para la protección de los derechos humanos relacionados con la orientación sexual y la identidad de género. No obstante, comprender la historia de la diversidad sexual y de género implica ir más allá de estos hitos globales y preguntarse cómo se desarrollaron estas luchas en contextos locales como el colombiano.

En este sentido, nuestra Facultad de Ciencias Sociales y Humanas y la Unidad de Género exploraron en diversos textos qué ocurría con las personas de orientaciones sexuales e identidades de género diversas en Colombia durante la segunda mitad del siglo XX e incluso antes, y hasta qué punto acontecimientos como Stonewall influyeron en los procesos organizativos y reivindicativos del país. La respuesta revela una historia propia, atravesada por dinámicas sociales, políticas y culturales particulares, que merece ser conocida y reconocida.

Para acercarnos a esa memoria colectiva, diversos trabajos académicos han documentado las formas en que se construyeron los discursos sobre la sexualidad, los procesos de exclusión y control, así como las resistencias y formas de organización de las personas LGBTIQA+ en Colombia. Investigaciones como las de Pablo Bedoya, Walter Bustamante Tejada, Guillermo Correa Montoya, Camila Esguerra Muelle, Leidy Jazmín Torres Cendales y Felipe César Caro Romero permiten reconstruir episodios fundamentales de esta trayectoria histórica, desde el periodo colonial hasta la consolidación de movimientos sociales contemporáneos.

Estas obras evidencian que las demandas por igualdad, dignidad y reconocimiento no surgieron de manera espontánea, sino que son el resultado de décadas de movilización colectiva. Asimismo, resaltan la importancia de la representación y de preguntarnos quiénes narran la historia y qué voces han sido tradicionalmente excluidas de ella.

En este sentido, el Orgullo ha trascendido la conmemoración de un acontecimiento histórico para convertirse en un ejercicio de memoria colectiva, visibilización y reivindicación. Su significado no se limita a la celebración de la diversidad; también representa el reconocimiento de trayectorias de lucha que han permitido ampliar derechos y cuestionar estructuras de exclusión que aún persisten en distintos ámbitos de la vida social.

En este contexto, las universidades ocupan un lugar fundamental. Como espacios dedicados a la producción de conocimiento, la formación ciudadana y el diálogo democrático y el pensamiento plural y crítico, tienen la responsabilidad de promover entornos donde todas las personas puedan desarrollar plenamente sus proyectos de vida, independientemente de su orientación sexual, identidad o expresión de género.

Diversas investigaciones en educación superior han demostrado que el acceso de estudiantes LGBTIQA+ no depende únicamente de la existencia de normas institucionales. También requiere acciones concretas orientadas a fortalecer la cultura organizacional con miras a la igualdad, capacitar a docentes y personal administrativo, generar mecanismos de acompañamiento y garantizar que las políticas de bienestar respondan a las experiencias y necesidades de las comunidades diversas. Los estudios coinciden en que el clima universitario influye directamente en la sensación de pertenencia, la participación académica y el bienestar integral de las(os) estudiantes.

Esta reflexión adquiere especial relevancia al considerar los desafíos asociados a la salud mental en la educación superior. Investigaciones recientes muestran que factores como la autoaceptación, el sentido de propósito y el reconocimiento social funcionan como elementos protectores frente a problemáticas como la depresión y el malestar psicológico generados por ambientes donde se reproducen tratos discriminatorios y de baja aceptación de la diversidad sexual y de género. En este sentido, construir espacios seguros y libres de discriminación requieren un compromiso ético con los derechos humanos y se convierten en una condición necesaria para favorecer el bienestar y el desarrollo integral de las comunidades universitarias.

Hablar del Mes del Orgullo implica, además, reconocer que las experiencias de las personas LGBTIQ+ son diversas y están atravesadas por múltiples dimensiones como el género, la raza, la condición socioeconómica, la discapacidad, la edad o el territorio. Por ello, los enfoques interseccionales han cobrado una creciente importancia en la comprensión de las desigualdades y en la formulación de estrategias institucionales que respondan a la complejidad de las experiencias humanas.

Asimismo, la memoria desempeña un papel central en estos procesos. Los movimientos sociales y las investigaciones sobre diversidad sexual han resaltado la importancia de preservar historias, testimonios y experiencias colectivas para evitar que las nuevas generaciones deban comenzar de nuevo cada una de sus luchas. Recordar también es una forma de construir comunidad, fortalecer la solidaridad y ampliar las posibilidades de transformación social.

Estas reflexiones dialogan con el trabajo que desarrolla la Unidad de Género, una instancia que promueve acciones orientadas a la construcción de una comunidad universitaria libre de violencias basadas en género y de otras formas de discriminación. Asimismo, impulsa iniciativas para identificar y reducir brechas de género, apoya la producción y circulación de conocimientos relacionados con los estudios de género y diversidad sexual, y fortalece redes de apoyo y colaboración con actores externos que contribuyen a la transformación social.

El Mes del Orgullo ofrece, entonces, una oportunidad para reconocer la importancia de estas conversaciones dentro y fuera de las aulas. Más allá de la conmemoración de un acontecimiento histórico, se trata de una invitación a seguir reafirmando la garantía de los derechos de la población en todas sus expresiones y construyendo espacios donde la diversidad sea comprendida como una fuente de riqueza para la vida universitaria y donde todas las personas encuentren condiciones para participar, aprender y desarrollarse plenamente.

Referencias:
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