«El intercambio cambió mi forma de ver a los demás y a mí misma»
Nina Isabella Pérez Cepeda, estudiante de quinto año de Derecho comparte su experiencia de intercambio en la Universidad de Deusto en Bilbao, España.
Mi experiencia como estudiante de intercambio comenzó en febrero del 2026 en la universidad de Deusto en Bilbao, España. Mentiría si dijera que no me asustaba al pensar en todas las cosas que estaría dejando atrás, incluso durante sólo un semestre, sin embargo, hoy puedo afirmar con certeza que es de las mejores decisiones que he tomado. Al mirar atrás, es extraño recordar que alguna vez dudé sobre si debía o no tener un cambio tan drástico en mi vida, mientras que hoy siento la nostalgia de que termine, y sé que se lo recomendaría a cualquiera.
Desde que tuve mi primera clase en la Universidad de Deusto, supe que mi experiencia académica sería muy diferente a lo que estaba acostumbrada. Como estudiante de Derecho, muchas personas me preguntaban por qué había decidido irme de intercambio si las normas y sistemas jurídicos cambian de un país a otro. Sin embargo, estudiar Derecho va mucho más allá de memorizar leyes o aprender reglas, implica comprender cómo funcionan las sociedades, cómo se interpretan las normas y cómo las diferencias culturales también influyen en el derecho. Precisamente por eso, comparar distintos sistemas jurídicos resulta tan enriquecedor, porque permite desarrollar una visión más crítica y amplia de la disciplina.
Durante mi intercambio también descubrí diferencias importantes en la forma de vivir la universidad. En comparación con el Externado, en Deusto veía menos materias y tenía menos horas de clase al día. Además, cada profesor tenía una gran libertad para definir la evaluación de su curso, elegían el número de exámenes, otros preferían actividades o trabajos, y cada uno decidía el porcentaje de cada componente. También me llamó la atención la cercanía en el trato con los profesores, a quienes los estudiantes llamaban directamente por su nombre, sin usar títulos como “doctor” o “profesor”. Incluso pequeños detalles, como la puntualidad estricta al comenzar las clases o el sistema de calificaciones de 1 a 10, reflejaban una cultura distinta que me permitió adaptarme a nuevas dinámicas y ampliar mi perspectiva sobre la educación universitaria.
La mejor parte, más allá de lo académico, fue la experiencia personal. Conocí personas maravillosas. Desde el primer día que llegué a Bilbao y la arrendataria me recibió con una cena con comida típica vasca. Conocí chicas de diferentes países que se hicieron mis amigas y con quienes salí de mi zona de confort haciendo senderismo o caminatas largas en la naturaleza. Incluso los choques culturales se volvieron parte de la experiencia. Aprendí nuevas formas de relacionarme con las personas, de vivir la ciudad y hasta de entender el tiempo y la rutina diaria. Además, el intercambio me dio la oportunidad de conocer otros lugares y culturas. Viajar por Francia, Italia y Portugal me permitió descubrir distintas formas de vida, tradiciones y maneras de entender el mundo. Al final, el intercambio no solo amplió mi formación académica, sino también mi forma de ver a los demás y a mí misma.