Estudiar no significaba abandonar sus raíces, sino encontrar formas de fortalecerlas
Giovanni Hernán Izquierdo empezó a entender que su territorio tenía algo más que riqueza natural mientras recorría lugares sagrados en compañía de los mamos. Entre cultivos de café y cacao, también descubrió algunas de las dificultades de su pueblo, como la falta de herramientas para organizar, administrar y comercializar lo que producían las comunidades indígenas sin depender de intermediarios.
Esa reflexión fue la que lo impulsó a llegar hasta las aulas de nuestra Casa de Estudios, de donde se graduó como administrador de empresas. También conocido como “Gunyan Izquierdo”, un nombre entregado por sus mayores y que, según explicó, significa “el padre de la fortaleza”, Giovanni recibió de ellos la confianza y el aval para estudiar.
“Los mamos nunca me dijeron “Vaya y estudie”, pero sí entendieron esa necesidad. Lo que hacía falta era organización y autosostenibilidad. Con mi conocimiento ancestral y el conocimiento institucional podría darle un valor agregado a la riqueza geográfica de mi pueblo frente al mercado”, recordó.
Cuando ingresó al Externado, en pleno 2021 y todavía bajo las dinámicas de la pandemia, el choque fue fuerte. Las clases virtuales, la tecnología y la conectividad representaban retos que muchos de sus compañeros no tenían que enfrentar.
Desde la Sierra, donde la señal fallaba y la electricidad no siempre estaban garantizadas, Giovanni intentaba seguir las clases mientras lidiaba con una realidad distinta a la de la ciudad. “A veces, de repente, se prendía la cámara y, como no teníamos una herramienta tan buena, tuve muchas dificultades. Había momentos en los que no había luz. Obviamente, como no estaba acostumbrado a ese sistema, para mí fue muy complejo”, dijo.
La adaptación tampoco fue sencilla cuando llegó a Bogotá. Los primeros semestres estuvieron marcados por las dificultades académicas y la sensación de empezar desde atrás. Mientras algunos compañeros parecían avanzar con facilidad, él necesitaba dedicar más tiempo para comprender cada tema.
Sin embargo, encontró apoyo en profesores, amigas, amigos y otros estudiantes con quienes empezó a construir vínculos dentro de la universidad. En ese proceso, el programa de interacciones multiculturales también se convirtió en un espacio de encuentro para compartir experiencias y miradas distintas sobre el territorio, la educación y el futuro. “Había compañeros muy pendientes de uno. Eso también me ayudó a adaptarme a la vida universitaria”, contó.
Su padre, Gilberto Izquierdo, y su madre, Felicia Mejía, no estudiaron y apenas hablan español. Aun así, acompañaron el proceso como pudieron. Para Giovanni, verlos presentes el día de su graduación fue una de las imágenes más importantes de esta etapa.
“Mi papá siempre me dice que no debo adaptarme al cien por ciento al mundo occidental, que nunca hay que olvidar de dónde venimos, sino aprender a articular ambos conocimientos”, afirmó.
En su familia son ocho hermanos. Uno de ellos es arqueólogo y también egresado del Externado. Giovanni reconoce que ese ejemplo fue importante, especialmente en un contexto donde estudiar implicaba dejar el territorio y enfrentar dificultades económicas.
Durante años, la posibilidad de entrar a la universidad parecía lejana. Por eso, mientras esperaba su momento, se dedicó a leer y a fortalecer su carácter. Recuerda especialmente un consejo de su hermano mayor, quien le compartió el libro La culpa es de la vaca cuando apenas tenía 13 años.
“Nos enseñaba que uno no puede culpar a nadie por lo que le pasa. Si a uno le va bien, es por uno; si le va mal, también. Todas las decisiones que uno toma tienen consecuencias. Siento que eso fue lo que me inspiró bastante. A partir de ahí empecé a leer libros como Sangre de campeón, que también me motivaron”, indicó.
“Mi idea siempre ha sido volver a la tierra y construir desde lo que somos fuertes”, asegura Giovanni con el diploma en las manos. Aunque contempla la posibilidad de trabajar un tiempo en una empresa para ganar experiencia, su proyecto de vida sigue estando en el territorio, porque es allí donde ve oportunidades y donde cree que los procesos de industrialización podrían fortalecer la economía de las comunidades arhuacas y aportar a su autosostenibilidad.
El regreso también tiene un significado espiritual. Como miembro de su comunidad, deberá cumplir algunos rituales y compromisos con los mamos y con la Madre Tierra después de graduarse. Por eso, mientras muchos recién egresados piensan en oficinas o grandes ciudades, Giovanni prepara el viaje de vuelta a su tierra. No como alguien que se va definitivamente, sino como quien regresa con nuevas herramientas para aportar a su gente.
“Nosotros, los hijos, estamos para cerrar los portillos y arreglar lo que hace falta”, aseguró.