398 municipios del país no tienen acceso al agua
Con el objetivo de darle herramientas a las comunidades rurales para enfrentar esta problemática, Andrés Palacio, docente investigador de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, adelanta un proyecto de investigación que promete empoderarlas y crear modelos sostenibles que fortalezcan la autonomía local.
*Fotografías: Nohemy Palacio.
De acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Colombia alberga el 5% de los recursos de agua superficial del mundo a pesar de ocupar solo el 0,77% de la superficie terrestre global. Aún con la gran riqueza hídrica que tenemos, las comunidades rurales del país enfrentan sequías, variabilidad climática y pobreza relacionada con la distribución desigual de este recurso.
Y aunque algunos de estos ecosistemas dependen de las aguas subterráneas – un recurso esencial para el consumo, la agricultura y la ganadería, y un amortiguador ante desafíos ambientales y socioeconómicos – en los municipios de Riohacha, Manaure y Maicao en La Guajira; y de Corozal, Sampués y Morroa en Sucre hay algunas diferencias entre esta disponibilidad y patrones de precipitación, lo que abre la puerta al estudio sobre cómo diferentes grupos gestionan estos recursos bajo las condiciones de variabilidad mencionadas.
Con el apoyo del Externado, FORMAS y la Universidad de Lund en Suecia, Andrés, junto a siete docentes de universidades de Italia, Suecia, Escocia y Colombia, analizan los efectos del cambio climático, la escasez de agua y la pérdida de biodiversidad en comunidades rurales e indígenas de Koushalai, Tutchonka, Ipamana, Isashimana, La Plazoleta, VillaLuci, Sabanalarga y Las Llanadas.
“Queremos ver cómo estos factores afectan a las comunidades porque estas tres crisis aumentan la pobreza, la inseguridad y la incertidumbre. Es muy difícil cultivar si tú no tienes claridad de cuándo va a llover, si tú a la vez te das cuenta de que los árboles que antes surgían o los animales que antes llegaban ya no están, y fuera de eso, no hay agua porque llueve muy poco”, dijo.

El trabajo con la comunidad
Durante la ejecución del proyecto titulado Confronting climate change, water scarcity and biodiversity: how rural communities can choose to become sustainable, las(os) investigadoras(es) han visitado dos veces el territorio con el objetivo de emplear algunas metodologías de investigación que permitan un acercamiento con las(os) habitantes de los municipios de manera que sean ellas(os) quienes les compartan sus experiencias y cómo se relacionan con el ecosistema y lo que les provee.
Para ello hicieron varias encuestas y entrevistas sobre los procesos de gobernanza y prácticas de agricultura regenerativa. Del mismo modo, utilizaron la cartografía social, una herramienta de análisis para el estudio comunitario que permite identificar elementos clave en el territorio como las fuentes de agua, las casas y los cementerios desde una visión arraigada con el territorio.
También, implementaron el uso de ADN ambiental (eDNA) para evaluar la calidad del agua utilizada gracias a la concentración o existencia de estigofauna. En cuanto a lo económico, exploraron si las prácticas utilizadas son sostenibles junto con las(os) agricultoras(es) e indagaron en la historia de cada una de las comunidades.
Además, como parte del enfoque pedagógico, crearon un juego social para que las comunidades puedan aplicar los conocimientos adquiridos a través de la investigación y fortalecer su comprensión de los resultados, permitiendo que ese conocimiento se quede en sus manos y lo utilicen de manera sostenible.

Un enfoque integral
El profesor Andrés creció en Barranquilla y durante su niñez pudo ver de cerca cómo sus coterráneas(os) tenían que buscar el agua en pozos o jagüeyes para sobrevivir, pero lo que más le llamó la atención fue la estructura organizativa que tenían las comunidades que hacían uso de esta herramienta. “Yo quería estudiar esa interacción pero necesitaba estudios de caso para entender cómo el conocimiento se puede llevar a las comunidades y cómo ellas nos pueden ayer a defendernos de la crisis que estamos llevando”, indicó.
Por eso, cuando vio la convocatoria de la Agencia Nacional Sueca de Desarrollo Sostenible para estudiar esta interacción no lo pensó dos veces y aplicó para comenzar a trabajar, desde las mismas comunidades, en una construcción recíproca de conocimiento para que comprendan que esta fuente de agua no es infinita y que, en retribución, las(os) investigadoras(es) puedan aprender de sus costumbres y métodos de protección del recurso.
“Lo ideal es acompañarlos y darles las herramientas para que puedan incidir en política pública. Educarlos para que tomen decisiones correctas basadas en la ciencia sin perder sus saberes ancestrales porque lo que no queremos es que se vean obligados a desplazarse por efectos del clima”, manifestó el docente sobre el trabajo hecho con su equipo.
El propósito de este proyecto va más allá de la investigación académica. Andrés Palacio y su equipo buscan dejar un legado tangible en las comunidades, proporcionando herramientas y conocimientos que les permitan actuar de manera autónoma en la protección de sus recursos hídricos.
“Nuestro enfoque es capacitar a las comunidades para que sean agentes activos en la defensa de su territorio. Al dotarlas de las herramientas adecuadas, no solo les ayudamos a enfrentar la crisis hídrica, sino también a fortalecer su resiliencia ante los impactos del cambio climático”, concluyó el docente.
Además, el proyecto prevé una continuidad en las visitas de campo, con el fin de evaluar el progreso de las iniciativas y compartir las lecciones aprendidas con otras comunidades que atraviesan desafíos similares.
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