“La justicia fue atacada, pero se levantó en su dignidad como el ave Fénix”: altas cortes en el Externado
Este 4 de noviembre se dio apertura a una jornada académica en conmemoración de los 40 años del holocausto del Palacio de Justicia. El encuentro fue organizado por la Corte Suprema de Justicia, y estuvo marcado por reflexión y un llamado para construir paz. El Externado recibió a personalidades que han impulsado el legado judicial y político del país.
Con solemnidad, pero también con una profunda carga emocional, la jornada “Justicia, memoria y reflexión: un asunto de todos” reunió a los presidentes de las altas cortes del país, juristas, víctimas y familiares de las víctimas del Palacio de Justicia, integrantes de la comunidad académica del Externado y también de otras universidades, entre otros. La Universidad Externado de Colombia, representada por el rector Hernando Parra Nieto, rindió homenaje a quienes fueron víctimas del holocausto ocurrido los días 6 y 7 de noviembre de 1985.
El encuentro, convocado por la Corte Suprema de Justicia con el apoyo del Externado, no fue una simple conmemoración: fue un ejercicio de introspección colectiva. Las palabras de los participantes se entrelazaron como piezas de un mismo duelo, recordando que la justicia, a pesar de haber sido golpeada, sigue de pie.
El rector Parra Nieto abrió el acto con una voz que emanaba respeto y melancolía. Recordó que el Externado, alma mater de varios magistrados caídos —Alfonso Reyes Echandía, Carlos Medellín Forero, Manuel Gaona Cruz, Dario Velázquez Gaviria, José Eduardo Gnecco Correa, Fabio Calderón Botero, Emiro Sandoval Huertas y Ricardo Medina Moyano— aún no despierta del “letargo, del abatimiento y de la amargura” que dejaron aquellos días. Pero lejos de quedarse en la tristeza, sus palabras fueron una afirmación de resistencia.
“El alma externadista se engrandece con su remembranza nítida y renovada —expresó— porque ellos amaron esta Casa de Estudios y contribuyeron de manera generosa a la formación de muchas generaciones de externadistas. ¡Nunca los olvidaremos!”, afirmó con contundencia el rector Parra.
Nos unimos a las altas cortes para honrar la memoria de los magistrados externadistas y de todas las víctimas inocentes de la toma y la retoma del Palacio de Justicia.
Su legado nos recuerda que la defensa de la justicia nunca muere, y que sus familias siguen clamando, 40 años… pic.twitter.com/q1jxQJjGIt
— U.Externado (@UExternado) November 5, 2025
Desde el Consejo de Estado, su vicepresidente Alberto Montaña Plata evocó una imagen poética, nacida de una conversación con un colega que sobrevivió a la tragedia: “El miedo tocó mi puerta, la fe salió a abrir y no había nada”. Con esa metáfora resumió el horror de la incertidumbre y el valor de quienes, en medio del fuego, siguieron creyendo en la justicia.
Montaña recordó que la justicia no son los muros ni los expedientes, sino las personas que la encarnan. Hombres y mujeres “frecuentemente acosados, criticados, calumniados, perseguidos, amenazados, asesinados”, pero que no se doblegan.
“La justicia se hiende, se duele, pero se levanta —afirmó—. Cumple su labor histórica en un Estado democrático de derecho: ser una vía racional e institucional para apaciguar la conflictividad de la sociedad”, dijo Montaña Plata.
A su turno, Mauricio Rodríguez Ramayo, presidente de la Comisión Nacional de Disciplina Judicial, subrayó que aquel suceso marcó una herida que no puede olvidarse. Reconoció que la toma y la retoma del Palacio de Justicia fueron una “crónica de una muerte anunciada”, antecedida por amenazas ignoradas y por una desprotección que dejó al edificio —y a la institucionalidad— a merced del horror.
“El Palacio y lo que él encarna fue víctima de una de las acciones más terribles que nuestro país ha sufrido —señaló—. Ninguno de los que allí estaban debió ser asesinado ni mucho menos desaparecido. Esta es una tragedia que aún se lucha y que, repito, no podemos olvidar”, afirmó Ramayo.
El presidente del Consejo Superior de la Judicatura, Jorge Enrique Vallejo, habló desde la vergüenza y el duelo. Dijo que honrar a las víctimas implica mirar de frente ese “vergonzoso abandono” de una nación que dejó a su gente “incinerándose, sumida en el dolor, la angustia y el pavor”.
“Qué vergüenza como comunidad que se pretende civilizada y democrática. Los dejamos allí. Los dejamos allí sumidos en el dolor”, lamentó Vallejo, mientras su voz se quebraba.
Vallejo insistió en que recordar es una forma de sanar, pero también de aprender. “Suele decirse que la dignidad de la justicia fue pisoteada —reflexionó—. Yo digo que no. La justicia fue atacada, pero se levantó en su dignidad como el ave Fénix, a partir de los escombros, y continuó construyendo país”, dijo con vehemencia.
Por su parte, el presidente de la Corte Constitucional, Jorge Ibáñez Najar, fue contundente al señalar las deudas que aún persisten. Cuarenta años después —dijo—, hay verdades ocultas y responsabilidades diluidas. “No se ha contado la verdad histórica. La toma del Palacio no fue una acción genial, sino un acto terrorista. La verdad, como derecho, preserva del olvido la memoria colectiva y libera a las personas del silencio que encierra la injusticia”.
Ibáñez recordó que las condenas internacionales contra el Estado colombiano por los hechos del 6 y 7 de noviembre son un llamado a defender la justicia con justicia, no con silencio. “Cuarenta años de procesos revelan que la violencia contra la justicia solo puede enfrentarse con más justicia”.
El momento más emotivo de la jornada llegó con las palabras de Octavio Augusto Tejeiro, presidente de la Corte Suprema de Justicia, quien encabezó el acto. Su intervención fue una invitación a reflexionar.
“Hay que pensar y preguntar qué pasó, cómo pasó, por qué pasó. Pero también, ¿queremos que el país continúe por esa senda? ¿Queremos repetir los estados de violencia y de irrespeto?”, cuestionó Tejeiro.
El presidente de la corte recordó que el 6 y 7 de noviembre no solo fueron días de tragedia para las víctimas directas, sino para todo un país que perdió parte de su esperanza.
“Hoy queremos que haya memoria, pero también reflexión. Que pensemos en el país del futuro, en lo que podemos hacer todos y todas por una convivencia pacífica, por un país más amable”, concluyó.
En el auditorio, el silencio era un homenaje. Cada palabra pronunciada parecía reavivar el compromiso de quienes hoy custodian la justicia, y procuran por mantener viva la memoria. La tarde avanzó con una serie de paneles en los que se habló sobre cómo los hechos dolorosos ocurridos hace 40 años pueden convertirse en motor de cambio, conciencia y compromiso con el presente; todo para que aquello no vuelva a suceder.