El legado de Ricardo Medina Moyano que trasciende generaciones
El magistrado Ricardo Medina permanece en los recuerdos de su familia como un hombre de absoluta sencillez, apasionado por el derecho, el arte y la música clásica. Paternal pero exigente. Un gran caminante que se desplazaba desde el Palacio de Justicia hasta su casa en el barrio Niza.
Para Álvaro, su papá aún está presente. Aunque su vida fue silenciada por los años y marcada por la historia, su presencia sigue viva en cada relato, cada libro heredado, cada paisaje contemplado y cada anécdota que pudo compartir con él. “Alcancé a verlo como abuelo, y era muy cariñoso con sus nietos”, recuerda.
Además, en su memoria permanecen los momentos familiares que para su padre eran importantes, como los desayunos en los que se hablaba de historia, geografía o arte, y la comida en los que cada hijo debía leer artículos de prensa recortados por él.
“Llegaba con artículos que había recortado de la prensa, también asociados con los temas que le apasionaban y que sentía podía transmitirnos. Había que leer con mucha concentración porque nos llamaba la atención sobre los errores que se cometían, nos hacía reflexionar y, luego, compartíamos en otro espacio poesía y música clásica. Siempre encontraba una manera de enseñar”, añade.
Medina amaba compartir con sus hijos. Los fines de semana visitaban museos y galerías, entre ellos el Museo de Arte Moderno, el Colsubsidio, la Biblioteca Luis Ángel Arango o el Museo Minuto de Dios. Como buen apasionado del arte, tenía pinturas —algunas del artista Armando Villegas— que Álvaro y su nieto conservan como un tesoro.

Su historia ha sido, durante décadas, un tabú en la intimidad familiar. El dolor de su ausencia se convirtió en un silencio que pesa en cada conversación. Y, sin embargo, a través de los libros, las fotografías y los recuerdos familiares y de terceros, sus descendientes han reconstruido la imagen de un hombre adelantado a su tiempo: vegetariano, practicante de yoga y meditación, humanista convencido y amante de la lectura. Su biblioteca, inmensa y casi sagrada, sembró en toda la familia el hábito de leer, de cuestionar y de aprender siempre.
Para su nieto Ricardo Barrera, quien nunca lo conoció en persona, su abuelo es casi una figura mítica: “una especie de semidiós, una persona con una virtud sobresaliente, una pasión por enseñar no solamente a sus estudiantes, sino también a sus hijos y a todos a quienes lo rodeaban” , expresó.
La biblioteca de Ricardo Medina fue amplia y valiosa. Una parte de su colección jurídica se donó al Colegio Mayor de Cundinamarca, recibido por la rectora Alicia Moyano, prima suya y gran admiradora de su trayectoria. Otra fracción importante se entregó al Claustro Moderno, el colegio de la familia Medellín, mientras que algunos de los libros más significativos permanecieron en su hogar.
Entre ellos estaban sus favoritos: obras de Gandhi, Don Quijote de la Mancha y la Biblia, textos que, según su hijo, lo representaban en esencia. Allí se reflejaba su filosofía de vida: la defensa de la no violencia, la importancia del diálogo y la práctica del yoga, disciplina que cultivó desde muy temprano.

Además de su amor por la lectura, se distinguió por una memoria prodigiosa. “Podía recitar de memoria artículos completos de la Constitución, del Código Penal o de Procedimiento Penal, y hasta pasajes enteros de la Biblia, que conocía en su totalidad”. En varios de sus libros aún se encuentran versículos anotados de su puño y letra.
Ricardo Medina dictó clase en diferentes universidades de Bogotá en las que encontró su vocación de enseñar. Pero el Externado fue un escenario ideal para seguir expandiendo su conocimiento sobre derecho constitucional y penal. Su hijo y nieto coindicen en lo mismo: en las aulas las(os) externadistas lo llamaban “el maestro”, porque sus clases eran consideradas como magistrales.
Su hijo nunca logró asistir a una de ellas, pero recuerda cómo le encantaba estar presente en las reuniones que compartía su padre en casa con sus amigos, también magistrados y abogados, con quienes se daba el gusto de aprender sobre diferentes temas del país. Aún sin seguir sus pasos, amaba estar presente en esos momentos.
“Yo recuerdo con mucho agrado cómo preparaba sus clases, porque siempre le gustaba estar actualizado. También, cuando llegaban los amigos de él, eran personas intelectuales. Se reunían en la sala y yo me buscaba un lugar en donde sentarme, solo para escucharlos, porque eran unas tertulias que tenían entre ellos muy, muy gratas y, pues, a uno de muchacho algunas cosas se le quedaban”, señaló Medina.
El recuerdo de Ricardo Medina Moyano seguirá presente en la vida de sus familiares, quienes anhelaban crecer con él y conocer de su sabiduría. También en quienes lo honran a través de la palabra, la memoria y sus acciones como lo han hecho por décadas sus estudiantes. Ellos conocieron su valor como profesor externadista y apasionado por la justicia.
“Hubiera querido conversar con él en mis momentos de duda, conocer su visión del mundo, dejarme guiar por su sabiduría. Hoy lo siento presente en mis hábitos, en mi forma de ver la vida. Y si heredar la lectura, la serenidad o la pasión por el conocimiento vino de él, solo puedo dar las gracias”, concluyó Ricardo, su nieto.
* Las ilustraciones de este especial multimedia fueron generadas con el uso de IA, y editadas por el equipo de diseño de la Universidad Externado de Colombia a través del programa Photoshop.
