La universidad latinoamericana ante la encrucijada del futuro

Con ocasión del “Congreso de Futuros Santiago 2026”, promovido por la “Red Iberoamericana de Prospectiva – RIBER”, el titular de la Cátedra UNESCO en Estudios de Futuro de la Universidad Externado de Colombia, Francisco José Mojica, fue invitado a dictar una conferencia sobre “La Universidad latinoamericana de cara a los retos del mundo del futuro”.

Durante su intervención, Mojica sostuvo que la educación superior no puede limitarse a reaccionar con inercia frente a las transformaciones contemporáneas. Por el contrario, debe anticipar y, sobre todo, participar activamente en la construcción del futuro. Para explicar cómo hacerlo, propuso articular dos ideas fundamentales: primero, entender el desarrollo social como la interacción de múltiples actores —Estado, medios de producción, academia y sociedad civil—; y segundo, asumir el principio filosófico de Maurice Blondel, según el cual el futuro no se predice de forma pasiva, sino que se construye a través de decisiones y acciones coordinadas.

El conferencista arrancó con el marco de los “actores del desarrollo” y su integración. En esa red, la academia cumple un rol decisivo: funciona como catalizador porque produce conocimiento y capacidades para transformar la realidad mediante la ciencia y la tecnología. A partir de allí, lanzó una pregunta que atraviesa toda la conferencia: ¿qué tipo de universidad necesita una sociedad determinada? La respuesta, dijo, no es genérica: depende de la gobernanza del desarrollo, es decir, de los mecanismos con los que los actores sociales coordinan, gestionan y controlan la orientación colectiva hacia el bienestar.

Luego, Mojica conectó esta visión con la prospectiva estratégica. Citando a Michel Godet, explicó que el futuro se entiende como un camino que va de la prospectiva (ideas e imaginarios del mañana) a la estrategia (decisiones) y finalmente a la acción. Para facilitar la comprensión, utilizó una metáfora cromática: el azul como territorio de las ideas del futuro, el amarillo como la decisión de los actores y el verde como el resultado transformado en la realidad. En esa lógica, recordó que las funciones universitarias —docencia, investigación y “tercera misión” o extensión— solo tienen pleno sentido si conectan el conocimiento con las necesidades del desarrollo, evitando desconectarse de la producción y del bienestar social y ambiental.

A partir de “señales del futuro”, Mojica describió las fuerzas que ya están emergiendo: la transformación inducida por la inteligencia artificial, no solo como herramienta, sino como motor de nuevos ecosistemas y cambios en el trabajo; la aceleración de la robótica y la automatización, que incluye avances de sectores como la biología sintética; y el impacto laboral, que —advirtió— puede ser desigual, afectando tareas rutinarias y generando reconfiguraciones más que una desaparición uniforme del empleo.

También abordó tendencias energéticas y ambientales, entre ellas la transición energética incompleta, la presión climática y el riesgo de escalamiento de eventos extremos, junto con el estrés hídrico. En el plano social, resaltó la transición demográfica, la urbanización acelerada y el fortalecimiento de la sociedad civil y de las redes digitales. A ello sumó una mirada geopolítica sobre el desplazamiento del centro de poder desde Europa hacia el Atlántico y, más recientemente, hacia el Pacífico con el ascenso relativo de Asia, especialmente China.

Ese panorama mundial, conectó el profesor Mojica, se refleja en la dirección que toma la investigación: prioridades convergentes en tecnología cuántica, biomanufactura, hidrógeno, fusión nuclear, interfaces cerebro-computadora, IA encarnada/robótica humanoide y comunicaciones 6G. Por ello, afirmó que la universidad debe dialogar con agendas globales sin perder pertinencia local.

Finalmente, Mojica formuló la pregunta clave: ¿qué tipo de universidad requiere la sociedad del futuro? En respuesta, retomó la recomendación de la UNESCO de “reinventar la educación superior”. En síntesis, la universidad del futuro debe: producir conocimiento, formar profesionales con pensamiento crítico y trabajo transdisciplinario, educar para ciudadanos plenos, asumir responsabilidad social y atender necesidades locales, especialmente relacionadas con la desigualdad y la sostenibilidad.

Como cierre, propuso su escenario preferido, al que llamó “final feliz”: un equilibrio sano entre renovación cognitiva y compromiso social, evitando la obsolescencia, la desconexión con los actores del desarrollo y decisiones educativas guiadas únicamente por el pasado.

 

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