“La criatura no morirá, tiene casa propia”: Zipaquirá inaugura su Palacio de Justicia en honor a Ricardo Hinestrosa Daza
El Consejo Superior de la Judicatura inauguró el nuevo recinto que será el espacio idóneo para vivir y desarrollar la justicia en el municipio cundinamarqués. Funcionarios, académicos, familiares y ciudadanos se congregaron frente a una obra largamente esperada: el nuevo Palacio de Justicia que, desde ahora, lleva el nombre del ilustre externadista.
Fue más que una inauguración. En muchos sentidos se convirtió en un acto de reconocimiento a la historia y a una ciudad que, como recordó el rector Hernando Parra Nieto, ha sido semillero de pensamiento, carácter y servicio público. “Hablar del rector Hinestrosa Daza es referirse, ante todo, a un orgulloso hijo de Zipaquirá”, afirmó, evocando a un hombre cuya identidad nunca se desprendió de su origen.
“La memoria de Ricardo Hinestrosa Daza consagrada ahora en su Palacio de Justicia, iluminará las decisiones que acá se adopten, con el arquetipo de uno de nuestros más eminentes juristas y bajo la tutela de los principios y valores que él mismo promovió y defendió en su querida Casa de Estudios, el Externado de Colombia”, afirmó el rector Parra.
El acto avanzó con la solemnidad de los momentos que buscan permanecer. En la mesa principal se encontraban, además del rector, el alcalde Fabián Mauricio Rojas; la presidenta del Consejo Superior de la Judicatura, Mary Lucero Novoa Moreno; y Fernando Hinestrosa Rey, quien llevaba en el gesto la memoria viva de su padre.
También estaban allí las voces del entorno institucional y familiar: magistraturas, funcionariado judicial y la familia Hinestrosa Daza: Consuelo Rey Rendón, Martha Hinestrosa Rey y Roberto Hinestrosa. Todos testigos de un homenaje que trascendía lo ceremonial. Cada intervención fue tejiendo una idea común: la justicia no solo necesita leyes, sino lugares donde habitar con dignidad.
La presidenta Novoa lo expresó con claridad: “Supo combinar el rigor de la ley con la sensibilidad que exige la condición humana. Comprendió que la norma es el instrumento, pero la dignidad del ser humano es el fin”. Y entonces, como si el pasado se uniera con el presente, recordó la frase que hoy titula esta historia: “La criatura no morirá, tiene casa propia”. Esa frase, pronunciada décadas atrás por Hinestrosa Daza al referirse a la sede del Externado, encontró eco.
“Hoy esa frase resuena en estas paredes. La justicia en Zipaquirá tiene desde este momento casa y esa casa lleva su nombre”, añadió Novoa Moreno.
En medio de su intervención, la presidenta también hizo una pausa para destacar a quienes impulsaron este homenaje desde su origen. Agradeció de manera especial al doctor Pedro Pablo Vanegas, por haber propuesto que el Palacio llevara el nombre de Ricardo Hinestrosa Daza, y a la vicepresidenta Claudia Expósito, cuya ponencia permitió materializar el reconocimiento. “Esta iniciativa honra la mejor tradición externadista: no dejar morir a los maestros”, afirmó.
Para el alcalde Mauricio Rojas, el edificio representa el cierre de una espera de más de quince años. “Lo que durante más de 15 años fue señalado como una obra inconclusa, hoy se convierte en un símbolo de transformación institucional”, afirmó, recordando que durante años la justicia operó en espacios improvisados, dispersos, insuficientes. Pero hoy existe un lugar que albergará con gran nivel las decisiones judiciales del municipio.
En esa misma línea, el secretario jurídico de la Gobernación de Cundinamarca, Germán Gómez, quien habló en representación del gobernador de Cundinamarca Jorge Emilio Rey, subrayó el impacto cotidiano que tendrá el nuevo espacio: “Encontraremos en esta arquitectura y en las mentes que aquí habitarán los conocimientos y las herramientas no solo tecnológicas, sino físicas, para poder trabajar a gusto”.
Pero más allá de la infraestructura, la jornada dejó ver una aspiración más profunda. La jueza María Doris Gutiérrez lo sintetizó con una imagen clara: “Hoy la justicia se acerca, se organiza y se hace más accesible al ciudadano. Que aquí nazcan proyectos académicos, investigaciones, grupos de estudio y espacios de diálogo entre la judicatura y las universidades, que aquí florezca una comunidad investigadora activa, que fortalezca nuestras decisiones y que impulse nuevas respuestas para los desafíos de nuestros nuevos tiempos”.
El momento más esperado llegó cerca de las cuatro de la tarde. Frente a la entrada principal, la cinta fue tensada y, tras el conteo simbólico, cortada. Detrás, como un manifiesto silencioso, se leía: “Palacio de Justicia Ricardo Hinestrosa Daza, Zipaquirá-Cundinamarca”. En ese instante, el edificio dejó de ser obra para convertirse en signo. Un signo de justicia, de memoria y de permanencia.

La placa inaugural, leída en voz alta, selló el sentido del homenaje con palabras que parecen talladas para resistir el tiempo:
“Quien se dedica al derecho —con vocación, con amor y con el temor constante de equivocarse— acepta una vida atravesada por la duda y la búsqueda incesante de lo justo”.
Y así, entre discursos y recuerdos, Zipaquirá le dio casa a la justicia. Y, con ello, cumplió la promesa de que la criatura, en efecto, no moriría.