El constitucionalismo ante el coloso privado: el desafío de regular el poder corporativo en el cierre del WCCL 2026
Con un llamado urgente a redefinir los límites del poder no estatal y garantizar la supervivencia de los sistemas democráticos, concluyó hoy en la Universidad Externado de Colombia la sesión de clausura del Congreso Mundial de Derecho Constitucional (WCCL 2026).
La Plenaria 4, titulada “Deberes humanos en un mundo centrado en el ser humano: constitucionalismo y actores privados”, se convirtió en el epicentro de un debate crucial: cómo el derecho constitucional contemporáneo puede y debe someter a los gigantes económicos y tecnológicos que hoy rivalizan en poder con los propios Estados.
La sesión de cierre comenzó con un profundo agradecimiento institucional por parte de David Bilchitz, presidente de la sesión, quien destacó el éxito y la envergadura del evento.
“Me gustaría agradecer y felicitar a la Universidad Externado de Colombia por este increíble y exitoso congreso. En particular quisiera agradecer al comité del programa, a la Corte Constitucional, a todo el equipo organizador local (…) y especialmente me gustaría que le diéramos un fuerte aplauso a la profesora Magdalena Correa”, manifestó Bilchitz.
Tras los reconocimientos, el propio presidente de la mesa conectó la clausura con las alertas encendidas desde el primer día del congreso, señalando cómo la concentración de la riqueza privada se ha convertido en una amenaza directa para las instituciones públicas, con fortunas personales que ya entran en la categoría de los «trillonarios», superando el Producto Interno Bruto (PIB) de naciones enteras.
La crisis climática y la huella corporativa
El debate pasó rápidamente de la escala macroeconómica a sus impactos tangibles en el planeta. Melanie Murcott, profesora de la Universidad de Ciudad del Cabo y especialista en justicia climática, enfocó su intervención en la necesidad de promover el florecimiento ecológico como una condición obligatoria para que el propio constitucionalismo sea sostenible en el tiempo.
Murcott alertó sobre el rol histórico que han tenido un puñado de corporaciones en el deterioro global.
“No es ningún secreto que las corporaciones ejercen un poder económico inmenso que a menudo supera o rivaliza con el de los gobiernos. Como tal, sus acciones impactan directamente en los derechos humanos, incluso dañando el funcionamiento de los sistemas terrestres”, advirtió la experta sudafricana.
Por su parte, el profesor de la Universidad Externado de Colombia y ex-magistrado auxiliar de la Corte Constitucional, Alexei Julio Estrada, aportó la perspectiva evolutiva de la doctrina jurídica. Recordó que la discusión sobre la eficacia horizontal de los derechos fundamentales —es decir, el deber de los particulares de respetar los derechos de otros particulares— no es nueva, pues se remonta a la Alemania de la posguerra (1949). Sin embargo, enfatizó que este concepto nunca ha sido un mero ejercicio de tablero.
“Desde el inicio de la discusión, esto no era solamente un problema teórico, tenía una perspectiva práctica. ¿Cómo obligar, por ejemplo, a que las compañías privadas pagaran el mismo salario a las mujeres? Es decir, no es solo una discusión teórica, siempre ha tenido una veta práctica importante”, explicó Julio Estrada.
El académico trazó además una ruta sobre cómo la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y las cortes nacionales, como la colombiana, pueden construir canales de diálogo para exigir de forma vinculante que los actores privados asuman obligaciones estrictas en la materia.
El cierre de la plenaria abordó uno de los rostros más complejos del poder privado actual: el ecosistema digital. Catalina Botero, codirectora de Columbia Global Freedom of Expression y ex-relatora especial para la Libertad de Expresión de la CIDH, se sumó a los agradecimientos a la organización y a la profesora Magdalena Correa, para luego lanzar una pregunta punzante a la audiencia: ¿Puede el constitucionalismo domesticar a este nuevo poder?
Botero analizó cómo el desarrollo opaco y descontrolado de las plataformas digitales ha actuado como un dinamizador del desencanto democrático y el auge de las autocracias en los últimos quince años. Mientras Europa intenta regular bajo un enfoque de derechos humanos, otras potencias muestran alianzas preocupantes o modelos de vigilancia estatal. La jurista colombiana llamó la atención sobre la abierta militancia política de algunos magnates del sector.
“Se trata de compañías enormemente poderosas, algunas con abierta vocación política. Elon Musk, por ejemplo, ha financiado y amplificado a la ultraderecha a los dos lados del Atlántico. Y Peter Thiel, fundador de Palantir, con creciente influencia en gobiernos como el de Javier Milei en Argentina, sostiene desde hace años que la libertad y la democracia son incompatibles”, sentenció Botero.
Para contrarrestar esta alarmante tendencia, Botero propuso el uso de cinco dispositivos constitucionales de origen europeo con desarrollos originales en América Latina, citando como ejemplo de éxito la reciente jurisprudencia del Supremo Tribunal Federal de Brasil, liderada por el magistrado Luís Roberto Barroso, al abordar el Marco Civil de Internet.
Con estas reflexiones, el WCCL 2026 bajó el telón en Bogotá, dejando claro que el futuro del constitucionalismo ya no se juega únicamente en los palacios de gobierno o en los congresos, sino en la capacidad jurídica de plantear limitaciones más contundentes para los nuevos soberanos privados del siglo XXI.