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El joven abogado que revivió la libertad (1886 – 1895)

Cuando a los 27 años fundó el Externado, Nicolás Pinzón Warlosten ya estaba lleno de cicatrices: a los 17, había integrado el Batallón Libres de Colombia, para defender el proyecto educativo radical, atacado por los conservadores bajo el lema “abajo las escuelas”. Más tarde, había sido herido en una pierna por un opositor político, contradictor de las ideas expuestas por el muchacho en el periódico La Reivindicación en Santander.

En 1885 se lanzó a defender los logros del radicalismo, amenazados por el gobierno de Rafael Núñez. En Honda, Pinzón cae prisionero y confinado en un estrecho calabozo.

Se graduó de abogado en la Universidad Nacional y se hizo masón al tiempo con el jefe liberal Rafael Uribe Uribe. En consecuencia, fue acusado ateo y pecador, por los sectores más retrógrados.

Pero a pesar de todo, Pinzón no era un guerrero; en sus escritos asegura que participó en la guerra porque no le quedó más remedio.

“Jamás he sentido el entusiasmo bélico suficiente para caer deslumbrado ante los resplandores de una espada victoriosa”, escribió en El Liberal.

Lo suyo era la educación. Por eso, cuando todo estaba perdido, quiso fundar un colegio, un hábitat para las ideas liberales. Una educación laica, respetuosa de los que tenían religión, cualquiera que ella fuera, y protectora de los que no tenían ninguna. Su fórmula era igual para las ideas políticas.

Como diplomático en Europa, había conocido de primera mano los más modernos centros de educación superior del Viejo Continente, que habían abandonado el sistema del internado, por considerarlo inadecuado para el desarrollo de la personalidad del estudiante. De ahí proviene el nombre de Externado que le dio a la Universidad por él fundada.

En aquellos centros educativos se utilizaban los textos de los grandes pensadores del siglo XIX: Spencer, Bentham, Suart Mil, entre otros, prohibidos en Colombia durante la Regeneración, y rescatados por Pinzón para las cátedras del nuevo Externado, a pesar de censura impuesta por las autoridades eclesiásticas, que ostentaban el poder sobre la educación.

La Universidad funcionaba en tres habitaciones que el fundador había tomado en arriendo gracias a un préstamo que le hizo su padre y con el apoyo de los radicales, incluidos los ex presidentes de los Estados Unidos de Colombia, Santiago Pérez, Froilán Largacha y Salvador Camacho Roldán.

Nicolás Pinzón estuvo al frente de la institución durante 10 difíciles años de penurias económicas y de persecuciones del gobierno que llegó, incluso, a sitiar el establecimiento con la fuerza pública.

Su muerte coincidió con el cierre del Externado de la primera época.