FIGRI EN CONTEXTO Guerras Comerciales ¿juego de niños?

Una decisión del presidente Trump tiene en vilo a la comunidad internacional. La imposición de nuevos aranceles en productos como el aluminio puede tener implicaciones trascendentales en el panorama político y económico internacional.

“Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, con esta afirmación el presidente Trump defendió su decisión de imponer una serie de aranceles a las importaciones de acero y aluminio, una decisión que puede desencadenar lo que los expertos catalogan como una guerra comercial.

Para esta versión de FIGRI en contexto, consultamos con Javier Gray, experto en temas de Gobernanza Internacional y Desarrollo, investigador del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales –CIPE-, docente de la Maestría en Asuntos Internacionales y de distintas asignaturas de pregrado en la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, sobre este tema, sus consecuencias y el significado de esta decisión en el marco de la política internacional estadounidense.

¿Qué son las guerras comerciales?

Una guerra comercial es el resultado de la imposición de medidas de orden proteccionista por varios Estados. Estas guerras son el resultado de una estrategia que suele comenzar con la decisión de un gobierno de aplicar aranceles de importación a un producto determinado proveniente de un país en particular, en consecuencia, los gobiernos de los Estados que son impactados por esta medida, responden con otra serie de medidas proteccionistas. Lo anterior resulta en una reducción de los flujos comerciales a nivel internacional.

En términos históricos podemos ver que los impactos de las guerras comerciales no sólo han sido nefastos para las economías nacionales, sino que además han tenido repercusiones importantes en el desarrollo de la economía global. En efecto, un ejemplo claro de las repercusiones que este tipo de dinámicas pueden generar, fue la crisis del ’29 en la que se exportó la crisis financiera de Estados Unidos al resto del mundo y, en los años ochenta ante los temores del crecimiento de Japón y la amenaza que este podía representar a la industria y el poderío de los Estados Unidos se inició una “pseudo guerra comercial”.

¿Cuál es su impacto?

En ambos casos, se observó además del aumento de medidas proteccionistas a nivel mundial y la disminución de los flujos comerciales, el surgimiento de movimientos nacionalistas, populistas, aislacionistas y xenófobos. Ciertamente, la presencia de estos factores en el ámbito internacional se constituye en un riesgo para el avance del proceso de la globalización y el sostenimiento de la paz internacional al generar actitudes más agresivas por parte de los gobiernos en este escenario.

Frente a este panorama, el profesor Garay aclara que no necesariamente ocurrirá exactamente lo mismo. Aunque las guerras comerciales son indeseables y tienen costos muy altos, en materia económica, de calidad de vida de las personas y diversidad de los mercados, entre otros, hoy hay ciertas condiciones que podrían llegar a mitigar la extensión del impacto de esta situación.

¿Quién gana?

Finalmente, resulta evidente que las guerras comerciales no son sostenibles en el tiempo y más aún, sus consecuencias pueden impactar varias generaciones de manera directa o indirecta, por ejemplo, en términos de productividad, competitividad o desarrollo humano. Así fue enfatizado por Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, en Argentina “las guerras comerciales no son juegos que se puedan ganar”.

Por el momento, los organismos multilaterales, los gobiernos y los mercados se encuentran analizando sus estrategias para responder a esta medida que no pareciera tener vuelta atrás por parte del gobierno Trump.