De la Seguridad Ciudadana al Crimen Organizado ¿Qué pasa hoy en Medellín?

Un aparente auge en la inseguridad ciudadana ha encendido las alarmas de gobiernos locales, generando todo tipo de interpretaciones en la opinión pública y en medios de comunicación. En un esfuerzo por entender las dinámicas criminales en ciudades como Bogotá y Medellín, hablamos con el docente e investigador del CIPE Camilo Echandía, sobre Crimen Organizado, Seguridad Ciudadana y la relación entre estos en ciudades capitales.

En las comunas de Medellín hoy se vive un ambiente de zozobra, la Policía en coordinación con la Alcaldía tomaron la decisión de reforzar las medidas de seguridad en ciertos puntos estratégicos como respuesta a lo que se ha denominado como una “nueva oleada de violencia criminal” en la ciudad. Efectivamente, la tasa de homicidio en Medellín después de una caida muy significativa entre 2012 y 2015 ha venido repuntando en los últimos años y los ciudadanos manifiestan que sienten a la ciudad más insegura; a su vez, la Fiscalía ha coordinado con la Policía el arresto de los integrantes de las estructuras criminales y ha enfocado sus mayores esfuerzos en localizar a los jefes de estas estructuras.

Mientras tanto en Bogotá, el Defensor del Pueblo despertó el debate sobre la presencia de grupos armados al margen de la ley en Ciudad Bolívar gracias al sistema de Alertas Tempranas que es coordinado entre esta oficina y el Ministerio del Interior. Aunque el Defensor continúa asegurando la presencia de estos grupos, las autoridades distritales en materia de Seguridad y el Ministerio de defensa manifiestan no tener evidencia sobre esta situación.

Frente a este panorama, Camilo Echandía, profesor de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, investigador del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales –CIPE y experto en temas de seguridad y conflicto, explicó cuáles son los mitos que se están creando frente a estas situaciones y cuáles son las dinámicas que explican el aumento de la inseguridad particularmente en el caso de Medellín.

En primer lugar, el docente refuta la tesis sobre la irrupción de violencia en escenarios urbanos como resultado de la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC en 2016, de manera similar a lo que se cree que ocurrió en países como Guatemala y El Salvador. Hoy, después de los procesos de desmovilización de las AUC y las FARC en gobiernos diferentes, no existe ninguna evidencia que demuestre cómo la firma de los acuerdos de paz se traduce en un aumento de la criminalidad a nivel urbano.

Frente a lo que ocurre hoy en Medellín, el investigador señala que la dinámica de inseguridad en esta ciudad puede ser leída a partir de la historia del Crimen Organizado, especialmente, desde el Narcotráfico. En cambio, en el caso de Bogotá vemos que el factor determinante no es el Crimen Organizado, la única excepción a esto sería en el año 1993 cuando Pablo Escobar exportó su guerra contra el Estado a la capital colombiana, pero más allá de esto, Bogotá tiene variables de otro tipo que inciden en sus tasas de violencia y criminalidad que definitivamente no incluyen el Narcotráfico ni el Crimen Organizado, ni Autodefensas que se urbanizan, ni Bandas Criminales, ni el Conflicto Armado.

Continuando con el caso de Medellín, el profesor Echandía afirma que una primera pista para entender que estamos ante un escenario de Crimen Organizado y no de Seguridad Ciudadana, es el hecho que la dinámica de la tasa de homicidio ha estado fuertemente ligada al comportamiento de poderosas organizaciones que han ejercido control sobre la criminalidad en la ciudad. Lo anterior deja en evidencia que la mayoría de las muertes son cuidadosamente planeadas (violencia instrumental), y no, el resultado de la intolerancia y los problemas en la convivencia que se acrecientan por el consumo de alcohol y drogas (violencia impulsiva), como se ha propuesto en algunas instancias.

Adicionalmente, en al gráfico adjunto se evidencia cómo los picos en la tasa de homicidio de la ciudad coinciden con los momentos en los que se produjo un vacío de poder criminal generando la fragmentación de las organizaciones y la competencia entre ellas por el control de las comunas y las actividades delincuenciales. Lo anterior, con el agravante adicional que las estructuras y grupos que han protagonizado estas disputas cuentan con un elevado numero de integrantes y de armas como, la “Oficina de Envigado”, el ELN que decide urbanizar su presencia y las autodefensas que se proponen tener influencia en la ciudad, e incluso, el Ejército mediante la Operación Orión en 2002. Esta confluencia de factores históricamente ha dejado un margen de acción muy pequeño para la criminalidad común.

Frente a la ostensible disminución que tuvieron los homicidios en Medellín entre 2003 y 2007, la evidencia sugiere que, entre otros factores, esta caída se encuentra íntimamente ligada a la decisión de ‘Don Berna’ de entrar al “proceso de paz” que fue impulsado en su momento por el gobierno Uribe. En este sentido, es importante señalar que este personaje logra el control sobre las organizaciones criminales que tienen influencia tanto en Medellín como en Valle de Aburrá, con lo cual, el índice de homicidios se reduce. De hecho, cuando en el 2008 ‘Don Berna’ es extraditado a Estados Unidos, se produce nuevamente una pugna, ahora entre “Sebastián” y “Valenciano”, por el control de las actividades criminales de la ciudad que se traducen nuevamente en un aumento en la tasa de homicidios. Con este breve recuento histórico, el profesor Echandía enfatiza que es definitivamente el Crimen Organizado el que está determinando el patrón de violencia en Medellín.

En años más recientes vemos como entre 2012 y 2015 la tasa de homicidios vuelve a disminuir, situándose incluso por debajo de la tasa nacional, esta vez como resultado de un pacto de no agresión sellado entre organizaciones criminales que ejercen control sobre sectores de la ciudad. No obstante, desde el 2016 y lo que ha generado preocupación en la ciudanía y en el gobierno nacional y local, la tasa comienza a repuntar nuevamente. Esto, puede estar conectado con las capturas que se han realizado recientemente de los jefes de las bandas y a la ruptura del llamado “pacto del fusil”, lo cual genera fragmentación en las organizaciones y  disputas por el control de las actividades criminales que en el pasado han incidido fuertemente sobre la violencia en Medellín.

En este sentido, el profesor Echandía afirma que lo que hoy está sucediendo en Medellín es justamente la reconfiguración del control y las actividades criminales de la ciudad. Lo anterior, sumado a que hoy se intensifica la disputa entre bandas criminales por el control del noroccidente de la ciudad ante la expectativa creada por la construcción de un túnel que agilizará el tráfico en la vía que conecta a Medellín con Urabá. De hecho, la focalización de la violencia es un rasgo característico en el caso de Medellín, y justamente al analizar la distribución espacial de la violencia se evidencia la prevalencia del Crimen Organizado en la ciudad desde una perspectiva estratégica.

Ante este escenario vemos como a pesar del esfuerzo realizado en los últimos tres años por la Fiscalía y la Policía para producir capturas de alto valor con el fin de debilitar a las estructuras criminales, esto genera a su vez una especie de efecto perverso pues da espacio a la fragmentación y a la pugna de poder que se traduce en muertes violentas e inseguridad en materia de delitos menores. Por esto, resulta necesario efectivamente continuar golpeando las organizaciones criminales sin olvidar la dimensión social del problema. Es decir, el gobierno local no puede dejar de lado las políticas sociales que beneficiarían y que deben atraer a las personas que hoy prestan sus servicios a estas estructuras criminales y que son quienes producen una diversa gama de criminalidad en la ciudad, mientras se aplican las medidas “duras” necesarias para desmantelar a dichas estructuras.

 

Análisis de: Daniela Franco

Daniela.franco@uexternado.edu.co