![]() |
|||||||||||||||||
EL ROLLO DE LAS
COMPETENCIAS
Por NAHUM MONTT
Docente Facultad de Comunicación Social-Periodismo
Cuenta Apolodoro en su Biblioteca mitológica que al terminar la guerra de Troya, Menelao, hermano de Agamenón y compañero de Ulises y Aquiles en aquel asedio, tuvo problemas para regresar a su hogar por no ofrecer los sacrificios correspondientes a la diosa Atenea. Después de perder la mayoría de sus naves y vagar por las costas del mediterráneo llegó a la isla de Faros, donde la ninfa Idótea le aconsejó que capturara al dios marino Proteo, el único que tenía la capacidad con sus profecías de romper el hechizo de Atenea y brindarle el viento favorable para su regreso.
Menelao y tres de sus hombres, se disfrazaron con pieles apestosas de foca y
esperaron en la orilla del mar hasta que llegara un rebaño de focas con
el dios Proteo, quien se durmió con ellas en la playa. Entonces Menelao
y sus hombres atraparon con una red a Proteo y aunque el dios se transformó
sucesivamente en león, serpiente, pantera, jabalí, agua corriente
y árbol frondoso, no lo liberaron hasta obtener las profecías
que tanto requerían para volver.
Las transformaciones de
Proteo son asociadas generalmente con las estaciones del año, pero la
imagen simbólica de un dios, múltiple en sus metamorfosis, atrapado
por un mortal disfrazado con la piel de un animal, puede servirnos de pretexto
para aproximarnos a la noción, compleja, cambiante y en continua construcción,
de las competencias.
La noción inaugural
de competencias nace de la fascinación de Noam Chomsky ante el proceso
de apropiación que hace el niño del sistema de la lengua y alude
a esa capacidad extraordinaria y misteriosa de interiorizar el mundo a través
de un lenguaje ya establecido.
Intuía Chomsky en
su texto de 1965, Aspectos de la teoría de la sintaxis, que esta capacidad
era parcialmente innata, que todos la poseemos y no se deriva únicamente
de la experiencia; en la actualidad, diríamos que es una especie de "disco
duro" que ya posee una cantidad enorme de información donde antes
de llenarlo con información "nueva", es necesario "descubrir"
la ya existente... Digamos que este conocimiento no es del todo accesible a
la conciencia y a menudo se evidencia a través de las actuaciones o desempeños
lingüísticos. Para explicar su hipótesis, Chomsky propone
la noción de competencia lingüística a través de una
abstracción que denominó "hablante-oyente ideal". Una
especie de sujeto universal que actuando en una "comunidad lingüística
homogénea" poseía un dispositivo hereditario de Adquisición
del lenguaje, dispositivo este que se actualizaba a través de los intercambios
lingüísticos y se evidenciaban en sus "arranques en falso,
desviaciones a las reglas y cambios de plan a mitad de camino".
Dos ejemplos pueden ilustrar esta situación, el primero es citado por
el investigador Guillermo Bustamante y el segundo corresponde a ejercicios escriturales
adelantados en las escuelas de Medellín: Un niño señala
al cielo y dice a su amigo: "mira que avión tan grandote".
Su amigo, que es otro niño de su misma edad, le responde: "¿Y
a qué horas se grandotó?". En el segundo ejemplo, cuando
a un niño se le pide una definición personal de lo que entiende
por iglesia, escribe en su cuaderno: "sitio donde vamos a perdonar a Dios".
En la década del setenta, Dell Hymes retoma la preocupación de
Chomsky por explicar cómo el niño produce y entiende las oraciones
gramaticales de una lengua. Le mueve entonces la contradicción existente
entre "la competencia gramatical, una especie de poder ideal derivado innatamente,
y la actuación, una exigencia que se asemejaría más bien
al morder del fruto prohibido, que arroja al hablante-oyente perfecto a un mundo
imperfecto.
"Redefine entonces
la noción de Chomsky para resolver esta paradoja: "la competencia
depende del conocimiento (tácito) y del uso (habilidad para éste)".
Se hace énfasis entonces en la capacidad del niño para manejar
los distintos repertorios de habla a través de actos comunicativos concretos
y particulares: "La adquisición de una competencia tal, está
alimentada por la experiencia social, las necesidades y las motivaciones, y
la acción, que es a su vez una fuente renovada de motivaciones, necesidades
y experiencias."
Teniendo en cuenta esta
perspectiva, en Colombia, el profesor Luis Ángel Baena formula una concepción
de lenguaje entendida como "un proceso de elaboración humana sobre
la realidad objetiva, natural y social en términos de categorías
conceptuales (empíricas y teóricas), pragmáticas (de interacción),
socio-culturales (ideológicas), estéticas (de la recreación
de sentido) y sicoanalíticas (de la conciencia humana)."
Y fue esta concepción la que predominó en el momento de pensar un mejoramiento de la calidad de la educación. Se propuso entonces una pedagogía interactiva, que articulaba la capacidad de aprender a partir de la acción y asumía la enseñanza de la lengua como comunicación significativa; esto es, condicionando las estrategias pedagógicas a las necesidades individuales y sociales de maestros y estudiantes.
Es en esta perspectiva donde entra en juego la evaluación por competencias;
entendida como una actividad amplia y dialógica que confronta objetivos
y resultados, donde los objetivos son instrumentos para evaluar y pueden controvertirse,
y los resultados no son datos numéricos, sino interpretaciones que acompañan
este proceso. Esta evaluación se funda en el diálogo permanente,
pues deja escuchar otras voces y se convierte en un acto social que privilegia
el contexto; flexibiliza o borra las fronteras entre el saber que circula en
los textos escolares y el saber de la experiencia, de la vida.
Se intenta, pues, a través
de la evaluación por competencias, indagar por las potencialidades del
estudiante, ya no desde un entorno formal, neutro y descontextualizado, sino
desde problemas puntuales que involucran un contexto amplio que articule la
cotidianidad al saber disciplinar.
Es en este horizonte deseado donde el manejo de los resultados desde la perspectiva
de procesos y la discusión de los instrumentos aplicados para evaluar
adquieren sentido. De esta manera se podrá analizar conjuntamente los
desempeños no sólo de los estudiantes sino de la comunidad educativa,
para definir y proyectar estrategias pedagógicas que redunden en un mejoramiento
del proceso de aprendizaje.
Bibliografía
Baena, Luis Ángel. El lenguaje y la significación. Revista
Lenguaje No 17, Cali: Univalle.
Hymes, Dell. Acerca de la competencia comunicativa. Traducción de Juan
Gómez. Revista Forma y Función No. 9. Departamento de Lingüística,
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, junio de 1996.